El ayuno ha sido parte de prácticamente todas las culturas humanas desde tiempos inmemorables. La cultura capitalista actual es una excepción donde muchas personas pasan la vida sin ayunar. Sin embargo, no todo es extremo, también dentro de este sistema hay muchísimos humanos que predican los beneficios del ayuno.

La excesiva y mala ingesta

La realidad es que en este sistema el problema es el exceso de “alimento” generalizado. Lamentablemente la gran mayoría ingiere “comida” de más, con el nefasto resultado que llevan a engordar y además, tarde o temprano, a la enfermedad. Las comillas aluden principalmente a todo lo procesado con todos sus adictivos: colorantes, solidificantes, conservantes, y un largo etcétera, sumada a la peor grasa. Encima está el exceso de carbohidratos que son cadenas de glucosa en forma de cereales y, ni hablar, de los endulzantes, como la fructosa, que al no gastarse inmediatamente se convierte en grasa subcutánea o queda almacenada como grasa en los órganos (por ejemplo, en el hígado).

Buscando la salud

Si buscamos salud tenemos que tener en cuenta con qué nos alimentamos: lo más orgánico posible, mucho verde, frutas (no como jugos) y verduras en abundancia. Desde luego propiciarnos un buen descanso, siguiendo los ritmos circadianos. Hacer regularmente ejercicio buscando potenciar todo nuestro ser que necesita mantener su fuerza, resistencia, flexibilidad y aguante cardiovascular.   Cabe agregar que el modo de vida, las compañías, la autorrealización y otros factores suelen ser importantísimos ingredientes hacia la buena salud. Y en el marco de todo esto el ayuno es otra gran herramienta. Encima suele ser un mecanismo que conocemos dado que lo hacemos de modo natural cuando estamos enfermos y no queremos comer.

Lo que sucede al ayunar

Al ayunar el aparato digestivo tiene su descanso. Ayunar mejora el físico dado que combate la sensibilidad a la insulina, o sea, reduce la inflamación y activa la autofagia permitiendo la regeneración celular y así reduce la inflamación crónica que es la puerta de entrada para muchas enfermedades.

Otro factor interesante es que ayuda a quemar grasa al utilizar las reservas de energía alojada en el cuerpo. Incluso hay veces que se asocia con un aumento en la hormona del crecimiento.
Al activar la autofagia, que es el proceso de limpieza celular, ayuda a eliminar partes celulares dañadas, mientras regenera las células. Por lo general el ayuno nos aumenta la claridad mental, mejorando las funciones del cerebro: memoria, reflexión, creatividad, etcétera.  

Otro factor interesante, y nada menor, es que al ayunar dejamos de alimentar a los parásitos intestinales, así como también a las bacterias y hongos que se irán desvaneciendo por inanición.

Cabe tener en cuenta que el ayuno no es para todos y que sería recomendable que sea supervisado por algún profesional de la salud. En especial deben cuidarse las embarazadas o las que estén amamantando. También personas con trastornos alimentarios y quienes toman ciertos medicamentos.

Estar sin comida

El ayuno se puede llevar a cabo de diferentes modos. No todos aguantaríamos cuarenta días en el desierto resistiendo a las tentaciones para mantenerse en estrecha relación con el creador. En casos extremos una persona normal puede estar algún día sin beber y podría sobrevivir hasta algún mes sin comer, pero el costo físico no es deseable. Basta con recordar el estado calamitoso de algunos náufragos o prisioneros que no fueron debidamente alimentados.
Por otro lado actualmente hay personas que sostienen que viven sin comer en un movimiento que denominan “respiracionismo”. Si bien hay casos en que se ha demostrado fraude nada indica que todo lo sea, sin embargo, sería un tema para otra nota. Y dudo ser yo quien la haga, porque como la anécdota de Ghandi con el niño adicto al azúcar*, intento que de compartir consejos éstos pasen antes por mi cuerpo.

Diferentes tipos de ayuno

Un ayuno que está de moda es el intermitente, el cual alterna períodos de ingesta de alimentos con períodos de ayuno. El más difundido de éstos es el 16/8, que implica 16 horas de ayuno y 8 de alimentación. Es que entre las 12 y 16 horas de ayuno comienza un sistema moderado de autofagia y se comienza a generar cetonas que es cuando se utiliza la grasa, en lugar de la glucosa, para obtener energía (ese cambio de manejo del combustible es lo que busca la dieta keto, que suprime los carbohidratos).

Dicen que luego cuando el ayuno supera las veinte horas activa las células madre que comienzan a ayudar a reciclar células viejas. Sin embargo, la autofagia propiamente dicha comienza de manera más significativa luego de uno día o dos días de ayuno (24 o 48 hs). Por dicha razón es que hay una propuesta de ayuno denominada 5:2 que implica comer sanamente cinco días y ayunar o al menos bajar sustancialmente la cantidad de calorías, cuidando mucho la ingesta, durante esos dos días.

Otro modo sencillo es simplemente saltearse el comer un día, 24 hs. Cabe agregar que durante el ayuno se suele beber agua así como también infusiones. En algunos casos de ayunos más prolongados se ingieren licuados y jugos verdes. Como consejo conviene durante un ayuno más prolongado no hacer ejercicios fuertes y sí buscar espacios de reflexión y en lo posible meditación.

No pasemos por alto el hecho de que en muchas culturas se ha propuesto, o aún se propone, el ayuno como un modo de acercamiento espiritual dado que,  mientras se fortalece la voluntad, uno se enfoca en la meditación o en la oración con intención de acercarse a la esencia, que en cierto modo también es al prójimo así como Dios.

 

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* Predicando con el ejemplo: anécdota de Gandhi con un niño adicto al azúcar
Una madre llevó a su hijo, adicto al azúcar, a Mahatma Gandhi para pedirle que aconsejara al niño a dejar ese vicio, pero él le dijo que regresara en quince días. Cuando la madre y el niño volvieron, Gandhi le dijo al niño que dejara de comer azúcar.
La madre, confundida, le preguntó por qué había tardado dos semanas en darle el consejo, a lo que Gandhi respondió que hace quince días él mismo aún comía azúcar.