
El recuerdo de los viejos bares que durante el siglo pasado fueron marcas registradas en Liniers.
Por Daniel Aresse Tomadoni (*)
Días pasados recordaba mentalmente los viejos bares y cafés de Liniers y me sorprendí al ubicar las muchas esquinas que fueron sitios de esos inolvidables locales. Tal vez el intenso movimiento del barrio, tanto de día como de noche, fue la clave para que sobrevivieran por tantos años, recreando esa estirpe tan porteña. Y si bien tuvieron características comunes (el ruido de la cafetera expreso, el teléfono público, las mesas y sillas modelo Thonet y el inconfundible olor a cigarrillo), cada uno tuvo su propia identidad y su público cautivo.
Sin dudas el más famoso fue “La Blanqueada”, pionero en su tipo en el barrio. En sus comienzos pulpería, luego se convirtió en un café bar en Rivadavia casi José León Suárez. La nota de color la constituyó que durante muchos años en su vereda aún se encontraban los históricos palenques, donde los parroquianos ataban sus caballos.
Más cercanos en el tiempo, uno de los más recordados fue el “Renacimiento”, en la esquina de Lisandro de la Torre y Ramón Falcón (foto). Con atención de 24 horas, concurrían allí distintos parroquianos, ya fueran del barrio o estuvieran de paso. Como dice el tango “esa mezcla milagrosa de sabiondos y suicidas”. Imposible olvidar las minutas a toda hora y esos panchos de antología… Durante varios años funcionó en un local contiguo, dentro del café, la administración de la línea de colectivos 304. Ya más acá en el tiempo, el café se convirtió luego en un coqueto restaurant -aunque conservando su fachada original- hasta su cierre definitivo, hace apenas unos meses. Hoy el histórico edificio luce un insípido cartel de “vendido” y todo haría suponer que próximamente será demolido para cederle su espacio a un (a otro) edificio.
Si hablamos de esquinas, en Tuyutí y José León Suárez funcionó otro histórico café bar que, al igual que el anterior, tenía teléfono público (que en los días de humedad daba descargas eléctricas) y le cedía un espacio a la administración de la línea 19, más tarde 221 y luego 161. Hace unos años fue demolido para levantar un edificio. Frente a este, por algunos años se levantó otro café bar y restaurant muy bien instalado.
Otro que para muchos fue desconocido, era un viejo local ubicado en José León Suárez y Martínez de Hoz, frente a la plaza Sargento Cabral. Era un típico café de barrio que además contaba con una ventana donde funcionaba un kiosco. Si nos vamos para el lado de Lisandro de la Torre y Humaitá, en esa esquina se ubicó por muchos años el “Don Pepe”; y en el cruce con Caaguazú -a metros de la curva de Peribebuy- funcionó otro histórico café de Liniers: “La Cholita”, que además de bar, también hacía las veces de almacén y kiosco. Al igual que el “Renacimiento” también tuvo teléfono público y con los años fue también convertido en restaurant y más tarde en verdulería.
Pero eso no es todo. Mis recuerdos proyectan también el que funcionó en la esquina de Ventura Bosch y la colectora de General Paz: un enorme café bar y restaurante que competía con otro similar ubicado en el local vecino. Ambos cerraron con la desaparición de la vieja Feria 47 y como casi todos los anteriores, también tuvieron teléfono público (hoy algo impensado tener que concurrir a un sitio para hablar por teléfono).
Claro que hubo muchos más: Rivadavia y Fonrouge, luego convertido en una casa de telefonía, Rivadavia y Pola, y algunos otros que tuvieron una vida efímera. Hoy recordé algunos de los que se ubicaron en las esquinas de mi querido Liniers ¿Cómo olvidarlos? Si aún me parece escuchar el ruido de la cafetera express y ese aroma tan característico.
Hasta la próxima y muchas gracias por permitirme compartir estos recuerdos con ustedes.
(*) Aresse Tomadoni es director general de “Relatos del viajero” y “Épocas del mundo” que se ofrecen a través de Youtube.

