La Boca: Vecinos en estado de alerta y movilización

La Boca: Vecinos en estado de alerta y movilización

Vecinos de La Boca alertan por la venta y posible cierre del histórico Playón de Lamadrid y Del Valle Iberlucea histórico espacio de participación del barrio de la Comuna 4.

El emblemático Playón del barrio de La Boca, situado en la intersección de las calles Lamadrid y Del Valle Iberlucea, se convirtió en foco de preocupación para los vecinos tras confirmarse su venta a un privado y circular rumores sobre su posible clausura. Este espacio, que funciona al aire libre desde hace más de tres décadas como un club social, cultural y deportivo, es un pilar fundamental del barrio y un punto de encuentro para la comunidad local.

La alarma se encendió cuando residentes advirtieron movimientos poco habituales, como la presencia de un arquitecto y obreros que intentaron cercar el predio. Al descubrir que el lugar era utilizado por chicos para entrenar y que se desarrollaban actividades comunitarias, desistieron de su intención. Más tarde, la inmobiliaria Antúnez Vega informó que la empresa Arlo S.A. concretó la venta del terreno, aunque no reveló la identidad de los nuevos dueños.

Desde entonces, distintos grupos vecinales como La Boca Resiste y Propone, junto con integrantes del FC Playón, cuyos equipos infantiles practican allí, se movilizan para solicitar al Gobierno porteño y a los compradores la apertura de una mesa de diálogo. La demanda central es asegurar que el Playón permanezca como espacio público, preservando su valor social, cultural y deportivo en un barrio marcado por la historia de incendios, desalojos y constantes presiones inmobiliarias.

El terreno fue recuperado comunitariamente tras un incendio en un viejo conventillo a mediados de los años 90. Actualmente, alberga entrenamientos para más de 100 chicos y adolescentes, actividades de la murga Los Príncipes de La Boca, así como eventos y acompañamiento social. Los vecinos se encargan del mantenimiento, iluminación y limpieza del predio, que consideran un “museo vivo” del barrio en medio de una zona declarada en emergencia ambiental y urbanística.

La inquietud mayor radica en que esta venta podría derivar en proyectos vinculados al desarrollo del Distrito de las Artes o al crecimiento del turismo, lo que implicaría el desplazamiento de quienes han sostenido y cuidado este espacio durante años. Según vecinos, la propiedad estaba valuada en torno a los 650 mil dólares, una cifra difícil de reunir para la comunidad pese a su interés en conservar el lugar.

Frente a esta situación, los vecinos organizaron movilizaciones para generar conciencia y convocaron a una marcha barrial. Además, convocaron a una asamblea comunitaria con el fin de establecer estrategias y exigir la apertura de un canal formal de negociación. Su reclamo principal es claro: el Playón debe continuar siendo un espacio abierto, reconocido como un punto vital de encuentro, contención y pertenencia para generaciones de familias porteñas.