La podóloga Walter explica qué dicen los últimos estudios sobre los beneficios de caminar descalzos, cuándo las plantillas son realmente necesarias.
Durante décadas, el uso de plantillas ortopédicas fue una de las respuestas más frecuentes ante alteraciones del pie, tanto en niños como en adultos. Sin embargo, en los últimos años la evidencia científica comenzó a revisar esta práctica al mismo tiempo que surgieron investigaciones sobre los beneficios de caminar descalzos o calzado minimalistas. La pregunta es si una opción es “mejor” que la otra sino cuándo, para quién y con qué objetivo.

En la infancia, uno de los diagnósticos es un pie plano flexible. Estudios internacionales coinciden en que la mayoría de los niños sin dolor, esta condición forma parte del desarrollo normal del pie y suele resolverse espontáneamente con el crecimiento. En estos casos, el uso sistemático de plantillas no a demostrado beneficios claros a largo plazo. Por el contrario, investigaciones recientes muestra que permitir al niño caminar descalzo -o con calzado flexible- favorece la activación de los músculos intrínsecos del pie, mejora el equilibrio y estimula un desarrollo del arco plantar.
Caminar descalzo incrementa la propiocepción, es decir la capacidad del cuerpo para percibir el contacto con el suelo y adaptarse a él. Este estímulo sensorial y muscular resulta clave en el crecimiento, cuando el sistema neuromotor está aún en plena maduración. La evidencia sugiere que el exceso de soporte externo puede limitar esta activación natural, actuando como una “inmovilización parcial del pie”.

En adultos, especialmente en personas mayores, el escenario es diferente. Las plantillas pueden ser una herramienta útil cuando existe dolor, sobrecarga, fatiga muscular o alteraciones funcionales de la marcha. Su principal beneficio no es “corregir” la forma del pie, sino redistribuir presiones, reducir puntos de carga excesiva y mejorar la comodidad al caminar. No obstante, la ciencia es clara: las plantillas no modifican de manera permanente la estructura del pie ni reconstruyen el arco plantar.
En este grupo etario, caminar descalzo en entornos seguros también puede aportar beneficios, como mejorar la sensibilidad plantar y el equilibrio, factores claves en la prevención de caídas. Sin embargo, su indicación debe ser cuidadosa y personalizada, especialmente en personas con neuropatías, diabetes o trastornos de la marcha.

La conclusión es clara: ni las plantillas son siempre necesarias, ni caminar descalzo es una solución universal. La evidencia actual invita a abandonar recetas únicas y avanzar hacia un enfoque individualizado, donde el objetivo sea respetar la función natural del pie, intervenir solo cuando hay síntomas y promover el movimiento como herramienta fundamental de la salud.
Angélica Walter – Podóloga Universitaria
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