Más desempleo y trabajos precarios: señales de alarma en el mercado laboral porteño

Más desempleo y trabajos precarios: señales de alarma en el mercado laboral porteño

El mercado laboral en la Ciudad de Buenos Aires muestra señales de deterioro sostenido. Un informe reciente advierte que el desempleo volvió a crecer en los últimos años, acompañado por un avance de formas de trabajo más inestables, configurando un escenario de mayor fragilidad para miles de trabajadores.

Según datos del Instituto de Estadística y Censos porteño, hacia fines de 2025 había 126.000 personas sin trabajo, lo que representa una tasa de desocupación del 7,3% de la población económicamente activa. La cifra no solo marca un aumento respecto del año anterior (6,7%), sino también un salto significativo frente a 2023, cuando el desempleo se ubicaba en el 4,6% .

El dato, por sí solo, no termina de explicar el fenómeno. El informe muestra que el deterioro del empleo fue parcialmente “absorbido” por el crecimiento del trabajo informal y del cuentapropismo. En otras palabras, menos personas quedan completamente fuera del mercado laboral, pero más lo hacen en condiciones precarias, sin estabilidad ni cobertura social.

En ese sentido, el empleo no registrado creció tanto entre asalariados como entre trabajadores independientes. Entre estos últimos, dos de cada cinco operan por fuera de las normas o con irregularidades, lo que refleja un avance de la informalidad como respuesta a la falta de empleo formal .

Al mismo tiempo, se observa una caída en la calidad del empleo. La proporción de trabajadores asalariados —históricamente asociada a mayor estabilidad— bajó del 75,2% al 72% en un año. En paralelo, disminuyó la cantidad de trabajadores con aportes jubilatorios: hoy casi tres de cada diez asalariados no cuentan con cobertura previsional .

Otro dato que da cuenta de esta transformación es el crecimiento del subempleo. Casi el 30% de los ocupados trabaja menos de 35 horas semanales, muchas veces en actividades ocasionales o “changas”, lo que evidencia una inserción laboral fragmentada y de ingresos inestables .

Las desigualdades también se profundizan. Las mujeres representan el 52% de las personas desocupadas y concentran mayores niveles de subocupación. A nivel territorial, la brecha es aún más marcada: en la zona sur de la ciudad la desocupación alcanza el 11,5%, más del doble que en el norte .

El cuadro general deja ver un cambio en la estructura del trabajo. No se trata solo de más desempleo, sino de un proceso de “precarización”, donde crecen las ocupaciones sin derechos, con menor protección social y mayor incertidumbre. Este tipo de empleo, aunque permite sostener ingresos mínimos, suele estar asociado a condiciones más inestables y vulnerables.

En ese contexto, el problema excede lo estadístico. El deterioro del empleo impacta directamente en las condiciones de vida: ingresos más bajos, menor acceso a la seguridad social y mayor dificultad para proyectar a largo plazo.

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