Bodegones renovados, bares con vistas privilegiadas, bistrós creativos, ramen bars íntimos, pizzerías salvajes, cantinas modernas y cafés con servicio continuo que se vuelven segunda casa.
La novedad no está solo en lo que se come, sino en dónde: los proyectos que abren en Villa Ortúzar o en Saavedra no buscan los mismos comensales que los de Palermo Chico, ni les hablan de la misma manera. Hay una voluntad de arraigo barrial, de construir comunidad alrededor de una propuesta gastronómica.
SAAVEDRA: EL PARQUE COMO EPICENTRO
En los últimos años, alrededor del Parque Saavedra se gestó un polo gastronómico con propuestas de muy buena calidad y opciones para todos los gustos y bolsillos.
La Avenida García del Río es el corazón de esta movida. Además de su enorme presencia verde, el barrio suma cada vez más propuestas gastronómicas: desde opciones más sofisticadas, como García del Mar o Boulevard, hasta lugares relajados como Taki Bar y Rincón del Árbol.
Dónde ir:
- Jornal – Croissanterie y panadería de masa madre frente al parque
- Dandy – Clásico punto de encuentro con cocina de autor
- Cosecha – Cafetería en la ex Farmacia del Parque con terraza hacia las copas de los árboles
- Parrilla Jorge – Vacío legendario, sin reservas, hay que esperar
- Bulebar – La propuesta más «palermitana» de Saavedra
Núñez y Saavedra se consolidan como el nuevo epicentro gastronómico del norte porteño. La movida de los vinitos naturales convive con una rotisería «reciclada» a pocas cuadras; pero en todos lados se respira el espíritu de barrio.
VILLA DEVOTO: EL JARDÍN QUE SE CONVIRTIÓ EN POLO GOURMET
Hubo un tiempo en que la oferta de restaurantes de Buenos Aires se concentraba en el Centro, Recoleta y Palermo. Hoy, cada barrio tiene su propio polo gastronómico y el de Devoto tiene un desarrollo especial. De hecho, este barrio fue elegido por Time Out como el más destacado de 2024.
Devoto era un páramo, un barrio disfrazado de pueblo que animaba su vida social en torno a la plaza. A principios de los 2000 llegaron los edificios del boom inmobiliario y con ellos las primeras cadenas gastronómicas. Pero el verdadero quiebre fue la llegada de Betular Patisserie en 2022: las colas interminables por una cookie pusieron al barrio en el mapa.
2024 revela otra cara, la del refinamiento de las propuestas gastronómicas. Con las aperturas de Raix, Romesco, Laserio y Ávito, Devoto le da una oportunidad a los vecinos que buscan proyectos con identidad propia y sentido de barrio.
Lo más destacado:
- Raix – Logró poner al barrio en el mapa internacional al ser recomendado por la Guía Michelin 2025. Funciona en una panadería histórica de 1903 que conserva los hornos de leña originales.
- Ávito – Ubicado a dos cuadras de la Plaza Arenales, ocupa el histórico convento Nuestra Señora de la Misericordia. El espacio conserva detalles originales, como las baldosas centenarias de Savona. El chef cordobés Julio Figueroa trajo cocina de producto con impronta casera.
- Buche Salumería – Una auténtica casa de embutidos y quesos artesanales. Trabaja con tamberos, charcuteros y pequeños productores de todo el país.
- Secuaz – Bar de día completo con terraza, cócteles de autor y la misma dupla detrás de Sofá Bar en Chacarita.
Es una zona de la ciudad que combina de manera orgánica un boom de desarrollo inmobiliario con la tranquilidad y belleza de sus casas bajas y veredas arboladas. Lejos del ruido de Palermo, los mejores chefs ya descubrieron que acá hay un público exigente dispuesto a cruzar la ciudad por una buena mesa.
VILLA ORTÚZAR: EL SECRETO MEJOR GUARDADO
Villa Ortúzar suma proyectos con identidad propia a ambos lados de la misma cuadra. Intriper. Es el barrio que todavía vuela bajo el radar, pero concentra propuestas de coctelería de autor, vinos naturales y cocina de fuego.
Las aperturas recientes:
- CURVA – Opera en doble registro: al mediodía, menú ejecutivo con platos del día caseros y abundantes; cuando baja el sol, la barra curva se ilumina, sube la música y el plan pasa a ser vermut, vinos nacionales y platitos para compartir.
- Lula – En el cruce de Estomba y Roseti, vuelve a poner el foco en el producto y en cocinar con lo que hay disponible. Menú que cambia según el mercado, influencias españolas y de parrilla argentina. Al lado funciona Lula Pana, la panadería del proyecto.
Esa diversificación geográfica tiene un correlato cultural: los proyectos que abren en Villa Ortúzar o en Saavedra no buscan los mismos comensales que los de Palermo Chico, ni les hablan de la misma manera.
Los alquileres más accesibles, las veredas amplias con espacio para mesas al aire libre y un público local ávido de opciones de calidad generaron el ecosistema perfecto para esta expansión.

