
El ser humano es un organismo vivo que expresa su energía vital en su estructura física, mental, emocional, espiritual, posee cualidades internas y externas. Siempre está interactuando con todo lo que lo rodea. Perteneciendo a esta creación natural que alberga a todos los habitantes del planeta.
La energía vital tiene abundantes virtudes y los sistemas del cuerpo están constantemente colaborando para que siga expresándose en nosotros, por ejemplo, el sistema digestivo selecciona los nutrientes para darle energía a todo el cuerpo, puede filtrar y expulsar lo que no tiene beneficios, cada sistema refuerza su labor de forma conjunta, una sola acción repercute en varias a la vez regenerando huesos, reconstruyendo tejidos, fagocitando células defectuosas, sosteniendo, resguardando los órganos, impulsando la energía de la vida y su equilibrio biológico.
En los primeros años de juventud la energía vital es desbordante más aun en aquellos que recibieron una buena alimentación, como así también el cuidado amoroso de sus familiares fortaleciendo su autoestima, y desarrollando el respeto por todos los seres vivientes, ya que es clave entender que ese contacto con el entorno va a definir la energía vital expandida en nuestro proceso de vida.
A medida que va pasando el tiempo esos sistemas que llevan muchos años en acción y reacción empiezan a disminuir sus capacidades, debido al constante desorden que de manera consciente e inconsciente los seres humanos vamos produciendo en nuestro organismo, resonando en la psiquis y el entorno. Lamentablemente entendemos nuestra desconexión cuando empezamos a enfermar y más de uno cree que la cura se encuentra en tomar toda clase de medicamentos, algo que a la larga trae nuevas patologías que se vuelven crónicas y esa energía viva que todo lo renueva no tiene la oportunidad de ayudar en los procesos de limpieza celular ya que al desorden se le suma químicos, los cuales auxilian en lo inmediato y alteran otras funciones vitales en el tiempo. Por ejemplo, sucede eso cuando tomamos un antibiótico no natural, arrasa con toda la flora intestinal produciendo procesos inflamatorios.
El cuerpo necesita un par de veces al año bajar la ingesta y depurarlo, en la antigüedad era muy común hacer ayuno o estar solo con líquidos durante uno o dos días para luego empezar a comer alimentos que aportan nutrientes alcalinizantes.
La naturaleza es sabia por esa razón cada estación del año tiene diferentes frutos aportando lo que necesita el cuerpo para mantener la energía vital en nosotros. Cuando empezamos a percibir la grandeza de este plano interactuando silenciosamente con todo lo viviente, llegamos a entender con nuestra mente finita que el diseño de nuestra existencia es parte de un plan amoroso donde cada cual en su proceso evolutivo ocupa un lugar y su servicio es fundamental para que en el conjunto mantengamos esa red de vida trascendiendo el tiempo y el espacio que habitamos.
Es importante incorporar nuevos hábitos para mantener la energía vital en nuestro cuerpo- mente, mantener equilibrada las emociones y cultivar las cualidades del espíritu, compartimos algunas sugerencias a tener en cuenta.
Elegir alimentos que aportan la renovación de la energía vital en el cuerpo: Todo lo que colabore a los catalizadores biológicos (reacciones químicas del metabolismo). Lo ideal es incorporar aquellos alimentos naturales que en su interior tienen clorofila como son las verduras de hojas verdes y los frutos que recibieron la energía lumínica del sol, esto beneficia directamente la oxigenación en todos los sistemas, ayuda a eliminar toxinas y fortalece el sistema inmunológico. Desarrollamos el sistema circadiano en el siguiente link
Activar las capacidades cognitivas: desarrollando nuevos saberes, es fundamental que el cerebro realice acciones diarias para preservar sus funciones. Encontrar nuevas actividades como ser integrante de grupos de lectura y escritura creativa, manualidades, colaborar en grupos comunitarios, estudiar un nuevo idioma, algo que se disfrute al hacerlo.
Realizar actividades físicas: Caminar cuando se encuentre el sol, sentir la tierra con los pies descalzos, hacer rutinas diarias, por ejemplo: cantar, bailar, tomar clases de Pilates, Yoga, Tai Chi Chuan, Chi Kung, etc… Asesorados por profesionales que cuiden de su cuerpo, ya que cada edad tiene un proceso a nivel estructural, articular y muscular.
Descansar el cuerpo y la mente: teniendo en cuenta, que pausas realizamos en el día y en los momentos antes de dormir para permitir la renovación de los sistemas orgánicos, clarificar la mente y las emociones. Entre algunas de esas acciones podemos sugerir, escuchar música, automasajes, baños con aromas relajantes, compartir el momento afectivamente con los integrantes de la casa, conversar, comer en compañía, abrazar las mascotas…
Conexión interna y contacto con el entorno: darnos el tiempo para cultivar nuestro espíritu con enseñanzas de los sabios que pasaron por este mundo y los actuales que comparten métodos naturales para mejorar la calidad de vida, impulsar la empatía con un otro, ya que los seres humanos tenemos la capacidad de amar, reflexionar y la voluntad para transformar todo mientras recorremos esta experiencia de vida, permitiendo que esa energía vital sostenga nuestro cuerpo-mente y espíritu dándole un verdadero sentido a nuestro paso por este planeta.
¡Hasta la próxima!
