Cuando el sueño murguero define la esencia de un barrio

Cuando el sueño murguero define la esencia de un barrio

Se lanzó el libro “Los Graciosos de Mataderos. Centro Murga 1968-1986”, de Ulises Bobanach.

Una vez más, como en un viejo VHS desempolvado, la murga volvió a sacudir las entrañas del Club Cárdenas a puro ritmo y colorido. Y no cualquier murga. Los Graciosos de Mataderos habían regresado al lugar del que en los 80’ habían partido tantas noches de carnaval hacia distintos corsos porteños y bonaerenses. Claro que la excusa era a medida: uno de sus referentes, Ulises Bobanach, presentaba su libro “Los Graciosos de Mataderos. Centro Muga 1968 – 1986” y nadie podía darse el lujo de estar ausente.

“Si bien no nací acá, llegué al barrio de muy chiquito, así que me siento un mataderense más. Me identifico con sus calles, con Chicago, con la murga Los Graciosos de Mataderos”, cuenta Ulises, histórico vecino de Los Perales, poco después de la presentación de su libro, ocurrida el 20 de febrero pasado en el mítico club de Cárdenas y Gregorio de Laferrere, a metros de estadio de Nueva Chicago.

“No soy un hombre de letras -advierte-. Soy psicólogo social y operador en salud mental, pero siempre me interesó la historia como un antídoto contra el olvido y como un camino para saber quién soy. Además, me siento identificado con mi barrio. Y el libro conjuga esas dos cosas”. Para lograr ese vínculo, la murga surge como un denominador común. Más allá de que la columna vertebral del libro sea la historia “Los Graciosos”, sus páginas también se apoyan en la historia del barrio, de la ciudad y hasta del país. “Una murga es una radiografía pequeña de un país. Por eso también menciono hechos históricos que ocurrieron en Mataderos, como la toma del frigorífico Lisandro de la Torre, o cuando se cantó la marcha peronista en la cancha de Chicago, además de rescatar a personajes históricos del barrio”, explica Ulises, y subraya que “el libro hace foco en la memoria, y Mataderos es un barrio con memoria, con lucha, con resistencia. El objetivo es que todo este material quede como reserva de memoria para el barrio y su gente”.

– ¿Cómo y cuándo surgió la idea de escribirlo? ¿Es un proyecto colectivo?

– Todo surge a partir de mi interés por las murgas y de haber sido integrante de Los Graciosos de Mataderos, que tiene dos períodos: de 1969 a 1976 y de 1981 a 1986. En esa segunda etapa yo participé activamente. La murga existe actualmente, pero yo me propuse referirme a esas dos primeras etapas, es decir del 68’ al 86’, donde llegó a tener 400 integrantes. Ya en los 90’ y principios de este siglo me interesó ver qué había publicado sobre las murgas porteñas, y vi que se hablaba mucho de las de antaño pero no de las murgas en su formato actual. Además ninguno hablaba de Los Graciosos, por eso me propuse que la gente conozca la historia de esta murga a través de este libro que escribí yo, pero en el que hay mucha gente detrás que me dio una mano muy grande, ya sea aportando material fotográfico como datos concretos sobre las familias, fundamentalmente de Los Perales, que participaron de la murga.

Más allá de enfocarse en Los Graciosos, el libro rescata a otras agrupaciones murgueras de la zona. “Muchos de los integrantes de esta murga habían pasado antes por otras de Liniers, de Lomas del Mirador… Hasta que la misma gente dijo ‘somos de Los Perales y tenemos que tener una murga propia’. Descubrí también que en los años 55’ y 56’ existió una murga que se llamó Los Rebeldes de Mataderos, y también menciono murgas posteriores, como Los Caprichosos de Mataderos, Los Caprichosos de Liniers y Los Estrellados Porteños”.

Y respecto al estilo en el que plasmó esas historias, Ulises cuenta que “la mayoría son crónicas condimentadas con pequeñas dosis de ficción, pero siempre remiten a hechos reales ocurridos en el barrio”. Uno de ellos recrea el vínculo entre las murgas y las hinchadas de fútbol. Ulises recuerda que “a partir de los 80’, las murgas y las hinchadas adquieren una mística similar. En nuestro caso, allá por el 81’ un sábado fuimos hasta Tigre a ver a Chicago en un camión de hacienda y en otro camión frigorífico. A la salida tuvimos algunos inconvenientes con la policía y nos demoramos. Justo ese día salía la murga y llegamos tarde al Club Cárdenas, de donde arrancábamos hacia los distintos corsos. Como cuando llegamos ya se habían ido, aparecimos en el corso de Beiró y Lope de Vega arriba de un camión de hacienda…”.

– ¿Qué significan el carnaval y la murga en tu vida?

– El carnaval es una parte fundamental en mi vida. En la actualidad estoy participando de la murga Invitación al Delirio, de Lugano, pero también participé en Los Caprichosos de Liniers y hasta en los actuales Graciosos de Mataderos. Incluso armé proyectos de salud mental y murgas en diferentes centros. Mis dos hijos integran murgas desde que nacieron. Porque la murga es un espacio de contención, de inclusión, un lugar que muchos encontramos en la adolescencia que nos permitió integrarnos, tener un objetivo en común. Así como ocurre con los clubes de barrio, con las murgas pasa algo parecido: nunca queda nadie afuera, todos son imprescindibles. Es el primer espacio cultural que encuentran las clases bajas para acceder a diversas disciplinas artísticas, como el canto o el baile.

Toda aquella mística volvió a hacerse carne durante la presentación del libro, donde además se ofreció una muestra de fotos de la época, se expusieron levitas de antaño y hasta viejos afiches de carnavales, en los que se anunciaba la presencia descollante de Sandro en Nueva Chicago.

Entre los presentes había integrantes de Los Caprichosos de Mataderos, Los Estrellados de Mataderos e Invitación al Delirio. además de viejos murgueros de los Graciosos. La mayoría no había vuelto a bailar, cantar o tocar el bombo desde aquel febrero de 1986, en el que la murga de Los Perales vibró en su último carnaval. Entre ellos, Natalia Ponce y David Núñez, oficiaban de maestros de ceremonia en ese derroche de cultura popular que misturó ritmo y literatura, al compás de viejas canciones de Los Graciosos, cuyas letras volvieron a mostrar un fuerte contenido social.

Muchos de los que colmaron la sede del club Cárdenas se fueron con un ejemplar del libro bajo el brazo. No obstante, quienes quieran acceder a él podrán solicitarlo vía whatsapp al (11)5496-9582. “Lo editamos en papel, pero no descarto la posibilidad de lanzarlo más adelante también en formato digital”, explica Ulises, que se declara un enamorado del olor a papel con tinta. “En casa tengo un montón de libros en papel y también varios en formato digital, pero cuando los quiero tocar no tengo ninguno”, sentencia.

Y con el eco del bombo recorriendo aún los monoblocks de Los Perales en los últimos estertores del carnaval, Ulises subraya “Es importante saber de dónde venimos como barrio y como sociedad. La murga es una gran familia, una foto de la sociedad, un lugar donde se construyen sueños”. Algunos de ellos, incluso, como el de lanzar este libro, se hacen realidad.

Ricardo Daniel Nicolini