De un sueño tejido entre canciones y necesidad de aire puro, nació un nuevo espacio que promete devolverle al barrio ese aire de patio compartido y mate entre vecinos en Copenhague 1508 (esquina Hamburgo). El 2 de mayo actuará el Juglar Ariel Prat —vecino del barrio— antes de su gira por varias ciudades europeas.
“Punto Chas es el resultado de un sueño tejido entre canciones y necesidad de aire puro”, señala al Portal de Parque Chas, Mariana, impulsora de este rincón cultural junto a su amiga Sol. En este proyecto son socias y trabajadoras independientes que, cansadas de la rutina doméstica y con hijos adolescentes reclamando espacio, decidieron buscar un refugio laboral fuera de casa.
La búsqueda terminó en una casita estratégica, ubicada justo detrás de la Escuela Pública Petronila Rodríguez, en la esquina de Copenhague y Hamburgo. El hallazgo tuvo algo de místico: el inmueble linda con un mural del Polaco Goyeneche, una imagen que para Mariana fue la señal definitiva. Según relata con emoción, su padre tocaba con el Polaco Goyeneche en la orquesta de Atilio Stampone, por lo que sintió de inmediato que ese era el lugar donde debían echar raíces.
Durante todo enero pasado, mientras la ciudad ardía, ellas se dedicaron a lijar, restaurar y pintar, disfrutando del proceso de ver cómo la vieja estructura cobraba vida. El nombre, Punto Chas, es un guiño a «Punto Caramelo», la banda de música que ambas integran y con la que tantas veces le cantaron al barrio en los festejos de la Plaza del Trébol. Tras inaugurar formalmente el 13 de marzo rodeadas de afectos, la casa se transformó en un hervidero de actividades que van desde clases de yoga, canto y chikung (práctica milenaria china que combina movimientos suaves, respiración consciente y concentración mental) hasta sesiones de reflexología, cosmetología y osteopatía.
Sin embargo, la gran noticia que hoy sacude las baldosas del laberinto es la visita de un vecino ilustre. Entre pinceles y arreglos, Mariana y Sol se cruzaron con Ariel Prat, el «Juglar del barrio». Con la confianza de haber compartido escenarios en las peñas de “La Petro” y la Plaza Hamburgo, le contaron del proyecto y Prat no dudó: decidió que su despedida antes de viajar a España será en ese patio.
La cita para este encuentro íntimo está marcada para el sábado 2 de mayo, donde el músico presentará su espectáculo «Nadie se canta solo». La propuesta es bien de barrio: música de la buena acompañada por un guisito y empanadas caseras bajo la parra. Las entradas anticipadas tienen un valor de $12.000 y se pueden conseguir hasta el 1 de mayo contactando al 11-6237-2682 o vía Instagram en @puntochas. Para quienes anden dando una vuelta por el mural del Polaco, la puerta está abierta para compartir un mate y conocer este nuevo punto de encuentro que, más que un local, se siente como volver a casa.
Ariel Prat, compositor y poeta, cuya obra se hunde profundamente en las raíces rioplatenses, ha logrado amalgamar en su estilo una identidad que fluye con naturalidad entre el candombe, el tango, el folklore y la murga, sin renegar de su ADN rockero. Aunque su residencia es entre Buenos Aires y Zaragoza desde hace décadas por motivos familiares —una decisión impulsada por el deseo de permanecer cerca de su hija—, Prat mantiene un vínculo umbilical e inquebrantable con Buenos Aires.
Su presente artístico atraviesa un momento de especial plenitud tras haber obtenido el Premio Carlos Gardel al mejor álbum de artista de tango por su trabajo Pratanguero: 3° Esquina, la que se alumbra. Este reconocimiento funciona como el marco ideal para su actual gira por diversas ciudades del país, donde se presenta bajo el concepto íntimo de Nadie se canta solo. Un formato, despojado de artificios y acompañado únicamente por guitarra y percusión. El sábado 2 de mayo, antes de su gira por varias ciudades europeas, Prat estará acompañado por el gran guitarrista Manu Sacco, y también habrá invitadxs.
Más allá de los escenarios, Prat ejerce una labor pedagógica y social que lo define como un incansable gestor de la identidad colectiva. Su reciente paso por Comodoro Rivadavia, donde coordinó un taller de murga, es apenas una muestra de su compromiso con la transmisión de los saberes del carnaval. Esta vocación se traslada también al ámbito académico, donde se desempeña como docente en la Universidad Nacional de Avellaneda, dictando cátedras sobre cultura popular y carnaval, consolidando así un perfil donde el arte, la calle y el aula convergen en una misma búsqueda cultural.
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