Rincón de letras: el paisaje barrial como disparador de historias

Rincón de letras: el paisaje barrial como disparador de historias

Una vez más le damos lugar a esta sección, dedicada a dar rienda suelta a la creatividad literaria de nuestros lectores. En esta oportunidad publicamos un atractivo relato de la vecina Inés Lucía Vendramín, con marco de época, que invita a trasladarse al viejo Mataderos de la década del 30’, cuando un resonante hecho policial puso al barrio en el centro de la escena. “Contradanza” pinta el momento en el que la policía da con el paradero del popular asaltante Rogelio Gordillo, alias “el Pibe Cabeza”, para luego terminar acribillándolo en pleno corso de la avenida Juan B. Alberdi.

Contradanza

La noche se desmoronó sobre el apartado rincón del hospital Santojanni. Se arracimaron: indiferentes o resentidos. Rostros: pergaminos desenterrados de la tierra, encallados en raídos trapos. Ácidas sonrisas desdentadas.

Un violín chorreó música en artríticas, huesudas manos deshechas por consolar almas y cuerpos. A sus pies, deformes, una latita.

Discreto un viejo, cumplido ya el inexplicable destino, negó lágrimas, no recuerdos… Aunque ahora… vivir muerto… podrido… Muerto ¿vivo?… podrido, asco…

“No hay grandeza en la causa de su sufrimiento” (1)

Desgarro del violín.

Uniformados, ebrios del poder, irritan ojos zafios, amenazadores: nada inusual.

Alguien murmuró:

– Son una cáfila de bestias.

Salen en desorden, destilan broncas. Apurados por abatir al mítico bandido que en el imaginario popular aumentó fama a puro gatillo.

– No fallaremos, tenemos datos precisos de ese buchón de bajo fondo.

Viraje inesperado: por el “área restringida” apareció un apuesto muchacho, cabellos negros engominados, de veinticinco años, no más, quizás el buen traje lo hacía parecer más joven.

Acariciaba la panza de una bella joven; tanta ternura la sentiría, también, el aún no nacido. Las miradas amorosas no iban más que del uno al otro.

No era un mal amor.

La violinista gritó:

– ¿Quién tendrá el coraje de asesinar este canto a la vida? ¿Saldrá de las entrañas de su madre marcado por el sufrimiento?

Médicos, indigentes, curiosos, oraron. Oraron descreídos en milagros.

El comisario farfulló:

– Muchachos, hoy es carnaval. Vamos a divertirnos, hembras tendremos.

¡Éste no puede ser el Pibe Cabeza!

Rogelio Gordillo, apodado Pibe Cabeza fue muerto el 9 de febrero de 1937, martes de carnaval. Intensamente buscado en el barrio de Mataderos. Intervino el comisario Héctor Fassio. Se escucharon sesenta disparos.

(1) Chesterton Gilbert (1874-1936) de “Maestro de Ceremonia”

Inés Lucía Vendramin