El CELS despidió a Taty, la fuerza en la alegría

El CELS despidió a Taty, la fuerza en la alegría

A los 95 años falleció Taty Almeida, histórica integrante y presidenta de Madres de Plaza de Mayo-Línea Fundadora, una de las figuras más representativas de la lucha por la memoria, la verdad y la justicia en la Argentina. Su vida quedó marcada por la desaparición de su hijo Alejandro Martín Almeida en 1975, hecho que transformó para siempre su destino y la convirtió en una referencia ineludible del movimiento de derechos humanos.

La noticia de su muerte generó una profunda conmoción en organismos de derechos humanos, organizaciones sociales, dirigentes políticos y miles de personas que durante décadas encontraron en su palabra una fuente de compromiso, perseverancia y esperanza.

Taty Almeida dedicó gran parte de su vida a reclamar justicia por los desaparecidos durante los años de violencia política y terrorismo de Estado. Con el paso del tiempo, su figura trascendió las fronteras del país y se convirtió en un símbolo de resistencia pacífica y defensa de los derechos fundamentales.

Una vida atravesada por la historia argentina

Nacida el 28 de junio de 1930 bajo el nombre de Lidia Stella Mercedes Miy Uranga, creció en una familia de fuerte tradición militar. Su infancia y juventud transcurrieron en un entorno alejado de los espacios de militancia política que más tarde marcarían su vida.

Estudió magisterio, ejerció la docencia y formó una familia junto a Jorge Almeida, con quien tuvo tres hijos. Durante aquellos años llevó una vida dedicada al trabajo, la educación y la crianza de sus hijos, sin imaginar que una tragedia personal la convertiría en una de las principales referentes de la defensa de los derechos humanos en el país.

El punto de inflexión llegó el 17 de junio de 1975, cuando su hijo Alejandro fue secuestrado y desaparecido por la organización parapolicial Triple A. Tenía apenas 20 años, estudiaba Medicina en la Universidad de Buenos Aires y desarrollaba actividades laborales en el Instituto Geográfico Militar.

A partir de ese momento comenzó una búsqueda desesperada que la llevó a recorrer oficinas oficiales, despachos militares, instituciones religiosas y cualquier lugar donde pudiera obtener información sobre el paradero de su hijo.

Con el tiempo comprendió que su historia no era un caso aislado. El encuentro con otras madres que atravesaban la misma situación resultó decisivo para su transformación personal y política.

El camino hacia las Madres de Plaza de Mayo

Luego de años de incertidumbre y búsqueda, a fines de la década de 1970 se incorporó a Madres de Plaza de Mayo. Allí encontró un espacio de contención, pero también una herramienta colectiva para reclamar justicia.

Ese encuentro marcó el nacimiento de la figura pública conocida como Taty Almeida. Ella misma solía afirmar que fue su hijo Alejandro quien la convirtió en la mujer que llegó a ser.

Desde entonces, el pañuelo blanco se transformó en una extensión de su identidad. Participó activamente en marchas, actos públicos, conferencias, encuentros educativos y actividades culturales, siempre con el objetivo de mantener viva la memoria de las víctimas del terrorismo de Estado.

Su presencia fue habitual en cada conmemoración del 24 de Marzo, donde sus discursos se caracterizaban por transmitir firmeza, optimismo y una profunda confianza en las nuevas generaciones.

La construcción de una lucha colectiva

A lo largo de más de cuatro décadas, Taty Almeida se destacó por convertir el dolor personal en una causa colectiva. Su compromiso no se limitó al reclamo por su hijo desaparecido, sino que se amplió a la defensa de los derechos humanos en todas sus dimensiones.

Participó activamente en campañas por la memoria histórica, acompañó procesos judiciales vinculados a delitos de lesa humanidad y promovió espacios de reflexión en escuelas, universidades y organizaciones sociales.

Su mensaje estuvo dirigido especialmente a los jóvenes, a quienes consideraba los continuadores naturales de la lucha iniciada por las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo.

Con una energía que sorprendía incluso a quienes la acompañaban diariamente, continuó participando de actividades públicas hasta sus últimos años. Su presencia en actos, encuentros y programas radiales mantuvo vigente una voz que se convirtió en referencia para distintas generaciones.

Un legado que trasciende generaciones

La muerte de Taty Almeida representa la despedida de una de las figuras más influyentes de la historia reciente argentina. Sin embargo, su legado permanece en cada una de las causas que defendió y en las miles de personas que encontraron inspiración en su ejemplo.

Su historia refleja el recorrido de una mujer que atravesó profundas transformaciones personales para convertirse en una de las máximas referentes de la lucha por los derechos humanos. Desde la desaparición de Alejandro hasta sus últimos días, sostuvo una convicción inquebrantable basada en la memoria, la verdad y la justicia.

Durante décadas repitió una frase que sintetizaba su filosofía de vida y que hoy adquiere una dimensión especial: “La única lucha que se pierde es la que se abandona”.

Con su partida, Argentina despide a una de las protagonistas fundamentales de la construcción de la memoria democrática, una mujer que convirtió el dolor en compromiso y que dejó una huella imborrable en la historia del país.