A 91 años de la muerte de Carlos Gardel: un recorrido por las esquinas del Abasto que mantienen vivo su legado

A 91 años de la muerte de Carlos Gardel: un recorrido por las esquinas del Abasto que mantienen vivo su legado

Este 24 de junio se cumplen 91 años de la muerte de Carlos Gardel, y la zona del Abasto vuelve a ser escenario privilegiado para redescubrir la huella del “Zorzal Criollo”, el ícono definitivo del tango y también un vecino que fue testigo y protagonista de estas calles.

Uno de los puntos centrales del recorrido es la esquina de Pasaje Carlos Gardel y Anchorena, declarada oficialmente “Esquina Carlos Gardel” por la Ley N° 4.179. Allí, frente al Abasto, se levanta la icónica estatua de bronce del cantor, junto al inmueble donde funcionó el histórico Chanta Cuatro, escenario en el que Gardel supo presentarse.

A pocas cuadras, en Corrientes y Agüero, la estación Carlos Gardel de la línea B de subtes reinaugurada el año pasado- ofrece otra parada clave. El espacio cuenta con numerosos murales que evocan la identidad del Abasto y la figura del cantor, con obras de artistas como Marino Santa María y León Untroib, que transforman el ámbito cotidiano en una experiencia cultural.

El circuito continúa en Agüero y Humahuaca, donde hoy funciona el restaurante peruano Lung Fun. En ese mismo lugar, según la tradición oral, se encontraba el bar O’Rondeman, donde Gardel había cantado en sus comienzos para el público del barrio. Así lo rescatan los vecinos e instituciones a cargo del Museo Vivo por las calles del Abasto, que incluyen a esta cortada como parte del recorrido escénico y cultural.

Otra esquina cargada de historia es la de Perón y Bulnes, donde se ubica el Bar Notable El Boliche de Roberto. Este espacio centenario, que aún convoca a nuevas generaciones del tango, es señalado como uno de los sitios donde Gardel cantó de joven, consolidando su vínculo con la cultura popular.

El recorrido también incluye la intersección de Jean Jaurés y Zelaya, donde se encuentra el Museo Casa Carlos Gardel. La vivienda, que el cantor compró para su madre y donde vivió, fue recuperada tras una lucha vecinal y desde hace más de dos décadas funciona como museo dependiente del Ministerio de Cultura porteño, preservando objetos, documentos y parte de su historia personal.

Marino Santa María décadas atrás también realizó una extensa intervención en muros y medianeras del Abasto. Pintó partituras musicales y también su célebre Gardel de tres cuartos perfil. Una de las pinturas que sobrevive al paso del tiempo y se puede apreciar es la que está sobre un portón de estacionamiento en Anchorena, casi Zelaya. Es la foto que ilustra esta nota.

Finalmente, en Billinghurst y Corrientes, frente a la tradicional pizzería Kentucky, un busto de Gardel junto a un puesto de diarios recuerda su presencia permanente en el barrio y su vínculo con la vida cotidiana de Buenos Aires.

Estas son algunas de las esquinas que refieren a la vida y mitología del Morocho del Abasto, el ícono del tango que marcó para siempre la cultura argentina.

Un dato de color para cerrar es que, al igual que con el Obelisco, Carlos Gardel no llegó a conocer el Mercado de Abasto en su versión moderna, es decir, la estructura de hormigón armado sobre la avenida Corrientes inaugurada en 1934. Asiduo del barrio, el “Morocho del Abasto” construyó su vínculo con la zona en torno a la antigua edificación, la que aún hoy se conserva sobre la calle Lavalle y que formó parte de su paisaje cotidiano.

J.C.