Hace dos meses, el Portal de Parque Chas despidió con admiración y congoja al gran director de cine Adolfo Aristarain, nacido en el barrio, quien nos dejó físicamente a fines de abril de este año. A raíz de esa nota publicada en su homenaje, el exvecino Héctor Rodolfo Florido se comunicó con nosotros para compartir sus recuerdos.
Por Fernando Belvedere
Adolfo Aristarain nació un 19 de octubre de 1943 en la calle Andonaegui 1468, entre Hamburgo y Turín, vecino a la escuela «Petronila Rodríguez». Vivió en Parque Chas hasta los 20 años, siempre en la misma casa donde nació, hasta que la tuvieron que vender y se mudaron al centro. Su padre era subadministrador de la Casa «Kraft» —una imprenta que en ese entonces editaba la Guía Verde, una guía telefónica invertida— y su madre era profesora de piano.
«Soy un hijo tardío, ya que mis padres me tuvieron después de ocho años de estar casados, y ellos ya vivían en Parque Chas donde compraron el terreno y construyeron la casa. Mi madre me contaba que cuando llegaron al barrio las calles eran de tierra y enfrente de casa se veían las montañas de arcilla, ya que allí estaban instalados los hornos de ladrillos», relató Adolfo a ParqueChasWeb en 2004.
De aquella infancia, el director de la multipremiada Un lugar en el mundo (1992) conservaba postales vivas:
«De Parque Chas recuerdo las fogatas de San Pedro y San Pablo, las peleas con chicos de otras cuadras para que no nos sacaran las ramas que juntábamos en algunos de los tantos terrenos vacíos que existían en el barrio. También recuerdo que jugábamos a la pelota en el Pasaje Sofía, detrás de la «Petronila» y en la plaza de Bauness frente al club «El Trébol». Otro de los recuerdos es que remontábamos barriletes en la Agronomía en un increíble paisaje campestre en plena ciudad», señaló en su momento de manera entrañable.
Esos mismos pasajes y veredas los transitó Héctor Rodolfo Florido, quien evoca con emoción aquellos años: «Su madre Roma fue mi profesora de piano en la década del ‘50 pues yo vivía también en el barrio a una cuadra de su casa. He vivido allí toda mi infancia y mi adolescencia. Fui alumno de ella con tres o cuatro años. Me llevaba a rendir al Conservatorio D ‘Andrea y allí me recibí. Siendo niño solía ver a veces a su hijo Adolfo. A mis 24 años me mudé a Villa Urquiza en el a principios de los años 70 del siglo pasado», recuerda Héctor al Portal de Parque Chas.
El Conservatorio D’Andrea fue una reconocida institución de educación musical con gran trayectoria en Argentina, famosa históricamente por formar a destacados músicos como Mariano Mores en su sede de Av. 25 de Mayo 376. Su antigua sede en la Ciudad de Buenos Aires se encontraba ubicada en Tte. Gral. Juan Domingo Perón 1919 (Once), la cual actualmente registra un estado de cierre permanente.
Hoy, Héctor administra en Facebook un grupo sobre la figura de Carlos Gardel y reflexiona con nostalgia: «Hace mucho que dejé la música y me dediqué a otra profesión. Desde ya que queda autorizado a publicar lo por mí vivido con tanto cariño y admiración por esa queridísima madre y su adorable hijo. Gracias por haberlos traído nuevamente a mi existencia después de tantísimo tiempo. ¡Inolvidable!»

Ese lazo tan fuerte entre la madre, la música y el barrio quedó inmortalizado en la pantalla grande. La última película de Aristarain, Roma (2004), posee fuertes elementos autobiográficos: entre ellos, un explícito homenaje a su madre y un recuerdo para el barrio que lo vio crecer.
La trama de la película cuenta la historia de Joaquín Góñez, un veterano escritor aislado en su cinismo, que contrata a un joven asistente para plasmar sus memorias. Este proceso lo transporta a su juventud en Buenos Aires, reviviendo su bohemia, sus amores y la influencia monumental de su madre: una mujer de espíritu libre que daba clases de piano para sostener el hogar. La figura de Roma Di Toro —interpretada en el filme por la actriz Susú Pecoraro— actúa como su faro moral, guiándolo con franqueza y apoyando su libertad hasta el final de sus días. Un reflejo fiel de la mujer que, en una casa de la calle Andonaegui, enseñaba música y marcaba vidas.
En 2005, antes del estreno de Roma, ParqueChasweb entrevistó a Susú Pecoraro quien señaló: «Mi experiencia de haber filmado esta película fue maravillosa. Trabajé rodeada de gente muy inteligente en la que todos dimos lo mejor de nosotros. Estoy muy feliz con mi personaje, en el que van a encontrar a una madre que ama a su familia y a su hijo con un sentimiento muy profundo. Roma es una madre que enviudó de muy joven y que tuvo que adaptarse a esta realidad en la que le tocó hacer el papel de papá y mamá a la vez, dándole alas a su pequeño hijo, marcándole un camino. Tantas alas le dieron que al final se quedó sola para que su hijo se desarrolle y crezca. Adolfo Aristarain escribió esta historia desde lo más profundo de su corazón, por eso estoy muy feliz de haberme reencontrado con el cine a través de su mirada, de su inteligencia. La experiencia de filmar con Adolfo mejor no pudo haber sido».

Foto ParqueChasweb
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