
El 22 de junio de 1986, durante el partido de cuartos de final entre Argentina e Inglaterra, un episodio aislado del Mundial de México pasaría a la historia hasta transformarse en leyenda. En esta nota, los detalles del hecho que -con la memoria fresca de la Guerra de Malvinas- lo tuvo al linierense Raúl Gámez como protagonista y hoy se recrea en un mural ubicado a metros del José Amalfitani.
Quien pase por Reservistas Argentinos al 300 se topará inevitablemente con una imagen que, a modo de mural, destaca a dos protagonistas: Diego Maradona y Raúl Gámez. Del primero, besando la Copa del Mundo y acaparando los elogios del público enfervorizado en un Estadio Azteca rendido a sus pies, poco queda para agregar a su categoría de ídolo máximo. Del otro -en cueros, gesto adusto y un cross de derecha que acaba de impactar en un rostro pálido- vale la pena rescatar del olvido un episodio singular que lo tuvo como protagonista y que, cuarenta años más tarde, ya es parte de la mitología popular.
El contexto es clave. En México 86, los hooligans eran los alienígenas de una película de extraterrestres: todos les temían. Un año antes, 39 hinchas habían muerto antes de un Liverpool-Juventus, en Bélgica, tras una estampida provocada por los hooligans. Ya en México, en los primeros partidos de su selección, los ingleses habían ocupado las tribunas con sus torsos desnudos, su piel lechosa y un vaso de cerveza en las manos. Algunos usaban máscaras y otros exhibían tatuajes, que por entonces se asociaban a la marginalidad.
Claro que, del otro lado, el 22 de junio de 1986 estaban las barras bravas argentinas: había dos fuerzas de choque, una posibilidad de enfrentamiento entre hinchadas sin antecedentes en un Mundial. Allí, sin embargo, es donde entran los mitos: de Argentina no viajaron tantos barrabravas como se supone. De los primeros partidos de la albiceleste en el Mundial hay crónicas que mencionan a los barras quemando una bandera británica. “El que no salta es un inglés” y “ole le lé ola la lá a todos los ingleses los vamos a matar” eran el Padre Nuestro y el Ave María de su misa en las tribunas. Además, una bandera celeste y blanca flameaba con la inscripción “Las Malvinas son argentinas”.
La pelea más emblemática, sin embargo, no tuvo a barrabravas como protagonistas sino a Raúl Gámez, que unos años antes -bajo el seudónimo de Pistola- había sido el líder de la hinchada de Vélez, pero en el Mundial ya había empezado su camino como dirigente, y una década más tarde se convertiría en el presidente del club de sus amores. Su combate a golpes de puños ocurrió al minuto del segundo tiempo en los escalones inferiores de la cabecera próxima al arco que ocupaba Peter Shilton, el arquero inglés.
“Yo no estaba con los barras. A México fui por mi cuenta y esa pelea con los ingleses fue algo típico de un partido”, explicó varios años después el propio Gámez, y brindó detalles del origen del altercado. “Un famoso peluquero argentino le quiso sacar una bandera a un inglés y la barra de ellos se nos vino al humo. Yo los enfrenté. Al principio se caían fácil: estaban borrachos y drogados. Aunque después eran tantos que cobré un montón. Cuando hablé por teléfono a mi casa, al día siguiente, me dijeron: ‘Viejo, saliste en una foto, lástima que esté deformada’. Pero la foto estaba bien, la deformada era mi cara”.
Sin despegarse de los códigos tribuneros, Raúl jamás reveló la identidad de ese “famoso peluquero argentino”, pero no hizo falta investigar demasiado para darse cuenta de que se trató del inefable Roberto Giordano. Según contó luego Claudio Varela, un encumbrado hincha de Boca presente aquel día, “todo lo empezó Giordano cuando vio a un periodista de la revista Gente y le dijo ‘sacame una foto que le voy a robar una bandera a un inglés’. Había terminado la guerra hacía cuatro años y con los ingleses estábamos mezclados. Era cuestión de que alguien le pegara a uno para que se armara. Raúl (Gámez) tuvo que saltar y después se armó un quilombo bárbaro”.
Aquella batahola quedó iconizada en un montón de fotos que luego publicaran desde la revista El Gráfico hasta el diario The Sun. “Al lado de los goles de Maradona aquello no existió. Fue una pelea de otros tiempos. De hecho, me acuerdo mucho más de los goles que de la pelea. Yo estaba muy cercano a la Selección, tenía buena relación con Bilardo, con los jugadores. Es cierto que peleé por una bandera, que salté desde el palco, pero no recuerdo mucho más”, sostuvo Raúl en una entrevista, haciendo gala de su habitual perfil bajo.
Sin embargo, aquel no fue el único encontronazo que tuvo Gámez con los temidos hooligans. El año pasado Oscar Ruggeri recordó otro episodio en el que la intervención del ex mandamás fortinero resultó crucial. “Unos días antes -el 18 de junio- habíamos ido a ver el partido de Inglaterra con Paraguay y cinco hooligans nos empezaron a insultar. Nos decían de todo y amagaron con venírsenos al humo. Pero de repente, no sé desde dónde apareció Gámez, se tiró de dos metros de altura y los empezó a correr ¡Lo que corrían esos ingleses! Él solo los hizo salir disparando”.
Gámez había llegado al DF para el duelo contra Uruguay, en octavos de final, en el que la Selección ganó 1 a 0 con gol de Pedro Pablo Pasculli. A partir de ahí nació una cábala con el doctor Bilardo -especial para esas cuestiones- quien le pidió que siguiera cerca del plantel. “Fui al Azteca a saludar a Carlos y a los muchachos, con la amistad que tenía con él y no va que le ganan a Uruguay y entonces me vieron como una pieza de ellos y que no era mufa. Ganaron ese partido y me tocó vivir el Mundial con ellos. Después, incluso, volví en el avión con el plantel y hasta terminé festejando entre los jugadores en Casa de Gobierno”, evocó en aquella charla.
Pero hay más. “Cuando Diego llevaba la Copa del Mundo, en la cancha después de ser campeón, actué un poco como de guardaespaldas y a los que se acercaban les decía ‘¡Déjalo, festejar! ¡Déjalo, disfrutar!’, era un momento de ellos. El único dialogo que recuerdo con Diego tiene que ver con lo sucedido con los ingleses. Me agarró y me dijo: ‘¡Vos también tuviste tu historia dentro de este este Mundial con los ingleses!’ Yo sólo atiné a contestarle: ‘Lo único que importa son tus goles y haberles ganado a los ingleses. ¡El único héroe fuiste vos!’. Después tuve la chance de tocar la Copa y besarla”, rememoró.
Ya pasaron cuatro décadas de todo aquello. Aunque a sus 82 años Raúl sigue siendo un apasionado hincha del Fortín y es habitual verlo en el Amalfitani, hoy está alejado de su faceta dirigencial. Claro que, a pocos días de un nuevo cruce mundialista con Inglaterra, ya sin Diego como estandarte, pero con Messi y su zurda ansiosos de redoblar la apuesta, resulta inevitable evocar esa imagen en la que un linierense corajudo pareció tararear en sus puños aquello de “por los pibes de Malvinas”.
Ricardo Daniel Nicolini


