David Cantarino apareció en un micro, pero su rastro deja más dudas que certezas

David Cantarino apareció en un micro, pero su rastro deja más dudas que certezas

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Ocho días de búsqueda intensa, un recorrido errático por la Patagonia y un final inesperado en un peaje bonaerense. Mientras su pareja denunciaba amenazas de muerte, el hombre de 50 años asegura que nunca estuvo en peligro.

La incertidumbre terminó finalmente a la altura del peaje Olivera, sobre la Ruta Nacional 5. Eran pasadas las seis de la tarde de este lunes cuando un operativo de la División Búsqueda de Personas logró interceptar el micro de larga distancia que traía de regreso a David Norberto Cantarino. El hombre de 50 años, que era intensamente buscado desde el pasado 16 de marzo, se encontraba a bordo de la unidad, aparentemente ajeno al despliegue policial que lo esperaba.

Sin embargo, lo que en principio se perfilaba como el cierre de una angustiante búsqueda familiar, ha mutado en un complejo rompecabezas judicial. El hallazgo no trajo alivio, sino una serie de contradicciones que ahora los investigadores intentan desenredar.

El misterio comenzó cuando Cantarino salió de su casa con un destino cotidiano en San Miguel y nunca regresó. A partir de allí, su rastro se transformó en una secuencia de movimientos geográficos difíciles de explicar. Los registros de su tarjeta SUBE indicaron actividad inicial en localidades del conurbano como Moreno y San Miguel, pero poco después, las antenas de su teléfono celular comenzaron a emitir señales desde puntos mucho más distantes, ubicándolo en las provincias de Neuquén y La Pampa entre el 17 y el 23 de marzo.

La pieza clave para dar con su paradero fue un informe de la Comisión Nacional de Regulación del Transporte (CNRT). El documento permitió establecer que el hombre efectivamente había viajado hacia el sur del país. Un reporte posterior confirmó que, el lunes 23, Cantarino había abordado un micro en Neuquén con destino a la Ciudad de Buenos Aires, lo que permitió a las autoridades calcular el tiempo de viaje y montar el operativo de interceptación en el peaje bonaerense.

Lo que vuelve a este caso particularmente llamativo es la brecha abismal entre los testimonios. Por un lado, su pareja, Sandra Carrasco, sostuvo durante toda la semana un relato alarmante en el que aseguraba haber recibido amenazas de muerte provenientes del mismo teléfono de Cantarino. Su desesperación la llevó a difundir el caso masivamente en redes sociales y a preparar la presentación de un habeas corpus ante la falta de noticias.

En la otra vereda se encuentra la declaración del propio Cantarino. Al ser trasladado a la dependencia policial para prestar testimonio, el hombre fue tajante: aseguró ante los oficiales que no fue víctima de ningún delito y manifestó desconocer por completo las razones por las cuales se había activado un protocolo de búsqueda tan exhaustivo. Para el hombre hallado en el micro, su ausencia no requería mayor explicación, una postura que choca frontalmente con la denuncia de amenazas que dio origen a la causa.

Bajo la supervisión de la fiscalía a cargo del Dr. Candela, se ha ordenado el secuestro preventivo del teléfono celular de Cantarino. Esta medida, avalada por el Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional N° 24, busca determinar si las amenazas denunciadas por su pareja realmente existieron y salieron de ese terminal, o si se trata de un conflicto privado que escaló hasta la justicia.

Mientras tanto, la investigación continúa abierta. El objetivo ahora es reconstruir paso a paso lo que ocurrió durante esos días de travesía patagónica y esclarecer por qué, mientras una familia denunciaba un peligro de muerte, el protagonista del caso viajaba en silencio por las rutas del país.

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