A fines de mayo, el Salón Dorado de la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires fue el escenario de un acto de profunda relevancia histórica y democrática para el Río de la Plata. En una ceremonia conjunta organizada con la Embajada de la República Oriental del Uruguay en Argentina, se conmemoró el 50° aniversario de los asesinatos de Zelmar Michelini, Héctor Gutiérrez Ruiz, Rosario Barredo y William Whitelaw, perpetrados en mayo de 1976 en el marco de la coordinación represiva del terrorismo de Estado. El encuentro, transversal y de alto valor institucional, buscó transformar el dolor del pasado en una memoria viva que fortalezca el sistema democrático actual en la región.
Hace medio siglo, el 20 de mayo de 1976, estas cuatro personas, quienes habían buscado refugio en Buenos Aires escapando de la dictadura uruguaya, fueron secuestradas y mantenidas en cautiverio en el centro clandestino de detención de la calle Bacacay 3570, en el barrio porteño de Floresta. Al día siguiente, el 21 de mayo, sus cuerpos aparecieron acribillados dentro de un automóvil Torino abandonado en la intersección de las avenidas Perito Moreno y Dellepiane. A cinco décadas de aquel trágico suceso, las máximas autoridades de ambas naciones se unieron para honrar su legado y reafirmar un compromiso inclaudicable con la verdad y la justicia.
El acto contó con una destacada comitiva del país vecino, encabezada por el presidente uruguayo, Yamandú Orsi, la vicepresidenta Carolina Cosse, el prosecretario de la Presidencia, Jorge Díaz, y el embajador uruguayo en la Argentina, Diego Cánepa Baccino. Por la casa legislativa porteña participaron su vicepresidente 1.°, Matías López, el secretario administrativo, Christian Gribaudo, y el autor del proyecto de homenaje, el diputado Leandro Santoro. También estuvieron presentes los legisladores Alejandro Grillo, Silvia Lospennato, Graciela Ocaña, Guillermo Suárez, Claudia Neira y Matías Lammens, junto al secretario de Relaciones Internacionales del Gobierno de la Ciudad, Fulvio Pompeo, el expresidente uruguayo Julio María Sanguinetti y el Premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel.
Durante su alocución, el diputado Leandro Santoro calificó como un honor y una profunda tristeza la recepción de las autoridades hermanas para rememorar un crimen terrible que marcó la historia latinoamericana, definiendo al Plan Cóndor como la coordinación de la maldad. El legislador enfatizó que las dictaduras no atacaron a un solo sector del arco ideológico, sino que persiguieron a militantes de distintas vertientes que tenían en común la vocación democrática, la lucha contra el autoritarismo, la dignidad humana y la defensa de los Derechos Humanos. De cara al futuro, Santoro instó a trabajar en el siglo XXI para despolarizar las sociedades y evitar que el odio impida la gobernabilidad, concluyendo con la histórica consigna de «Nunca Más Dictadura en América Latina».
A su turno, el embajador Diego Cánepa Baccino agradeció la aprobación unánime de la iniciativa por parte de todo el cuerpo legislativo y reflexionó sobre el sentido profundo de la conmemoración. El diplomático uruguayo sostuvo que la memoria no debe ser un mero recordatorio para cumplir con un protocolo formal hacia los caídos, sino un ejercicio fundamental para proteger la institucionalidad cotidiana, recordando que la raíz latina de la palabra recordar significa volver a pasar por el corazón.
El momento de mayor emotividad de la jornada se vivió con la entrega de las placas recordatorias a los familiares de las víctimas, a cargo de la vicepresidenta Carolina Cosse, tras el descubrimiento de las insignias conmemorativas que se emplazarán formalmente tanto en la Legislatura de la Ciudad como en la sede de la Embajada de Uruguay. Rafael Michelini recibió la distinción en memoria de su padre, Zelmar, quien fuera periodista, exsenador y cofundador del Frente Amplio. Por su parte, Facundo Gutiérrez Ruiz y Santiago Gutiérrez, hijo y nieto de Héctor «El Toba» Gutiérrez Ruiz —expresidente de la Cámara de Representantes por el Partido Nacional—, retiraron el reconocimiento a su familiar. Finalmente, Gabriela Schroeder recibió la placa correspondiente a su madre, Rosario Barredo, y la correspondiente a la familia de William Whitelaw.
La convocatoria también concitó una fuerte adhesión de la sociedad civil y del ámbito internacional, registrándose la asistencia de Alejandro Ruibal por la Confederación de Cámaras Empresariales del Uruguay, de Martín Cardozo por la central obrera PIT-CNT, y de representantes de la agrupación de expresos políticos Crysol y del Congreso Judío Latinoamericano. Asimismo, asistió un nutrido grupo del cuerpo diplomático acreditado en el país, con embajadores y delegados de naciones como España, Suecia, México, Brasil, Colombia, Bolivia y Croacia, entre otras. El cierre de este relevante encuentro multipartidario estuvo signado por la cultura popular, con una presentación musical a cargo del reconocido cantautor Peteco Carabajal.
La entrada Hermandad y memoria activa: emotivo homenaje en la Legislatura porteña a 50 años de los crímenes del Plan Cóndor se publicó primero en Portal Barrio Parque Chas.

