Intervención en Venezuela: marchas, repudios y un debate que va más allá de Maduro

Intervención en Venezuela: marchas, repudios y un debate que va más allá de Maduro

La intervención de Estados Unidos en Venezuela no solo sacudió el tablero político regional: también tuvo impacto inmediato en las calles de Buenos Aires. El sábado 3 de enero, tras conocerse la detención de Nicolás Maduro por parte de fuerzas estadounidenses, se registraron movilizaciones a favor y en contra del operativo en distintos puntos de la Ciudad.

Ese día, sectores de la comunidad venezolana se concentraron en el Obelisco para respaldar la acción de Estados Unidos y exigir el inicio de una “transición democrática” en su país. A pocas cuadras, organizaciones de izquierda y espacios políticos repudiaron la intervención frente a la Embajada estadounidense y en otros puntos céntricos. El Gobierno porteño dispuso entonces un refuerzo preventivo de seguridad en zonas diplomáticas y lugares de alta circulación ante posibles incidentes.

La Argentina concentra una de las comunidades venezolanas más numerosas del mundo, con alrededor de 200 mil personas, en su mayoría radicadas en el Área Metropolitana de Buenos Aires. Esa presencia explica, en parte, la intensidad de las expresiones públicas que se dieron tras el operativo.

Hoy, dos días después, el conflicto sigue generando repercusiones. Este lunes por la tarde, la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE) y la Unión de Trabajadores y Trabajadoras de la Economía Popular (UTEP) marchan a Plaza Italia para rechazar la intervención de Estados Unidos en Venezuela y cuestionar el alineamiento internacional del gobierno de Javier Milei. La movilización se realiza bajo la consigna “Fuera EE.UU. de América Latina” y cuenta con el acompañamiento de otras organizaciones sindicales y sociales.

Desde estos sectores denuncian una violación a la soberanía venezolana y advierten sobre las consecuencias políticas y económicas de la injerencia extranjera en la región. “Celebrar esta invasión es avalar una política intervencionista que mañana nos puede tocar a nosotros”, afirmó el secretario general de ATE, Rodolfo Aguiar, quien vinculó el accionar de Estados Unidos con la disputa por los recursos naturales y el control geopolítico del continente.

Pero el debate no se agota en la calle. Más allá del rechazo o el apoyo a Maduro, un gobierno ampliamente cuestionado por su deriva autoritaria, la crisis económica y las denuncias de violaciones a los derechos humanos, la intervención vuelve a poner sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿Quién decide el destino de un país?

Desde el derecho internacional, la respuesta es clara. La Carta de las Naciones Unidas prohíbe expresamente el uso de la fuerza contra otro Estado, salvo en casos de legítima defensa o con autorización del Consejo de Seguridad. En América Latina, esa norma se refuerza: la Carta de la OEA establece que ningún país puede intervenir en los asuntos internos de otro. No es un tecnicismo jurídico: es una regla que surgió de una historia marcada por invasiones, golpes de Estado y tutelajes externos.

Las crisis políticas profundas no tienen soluciones fáciles, pero la historia latinoamericana muestra que los “atajos” militares impuestos desde afuera casi nunca traen democracia. Poner en duda la “liberación” de Venezuela en manos de Estados Unidos no busca la reconciliación con la figura de Maduro sino reafirmar la memoria de un continente vulnerable al poder militar de las potencias económicas.

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