Lo que para el Gobierno porteño parece ser una tarea de mantenimiento urbano, para los vecinos de la Comuna 12 es un intento directo de silenciar la historia.
La Plaza Jorge Casal, en el corazón de Villa Urquiza, se ha convertido en el centro de una fuerte polémica política tras la desaparición de los pañuelos blancos que habían sido pintados en sus baldosas.
La historia comenzó con una jornada de trabajo comunitario. Organizaciones sociales y vecinos del barrio se reunieron para plasmar colectivamente los pañuelos que simbolizan la lucha de las Madres de Plaza de Mayo y el reclamo de Memoria, Verdad y Justicia. Sin embargo, la marca del trabajo compartido fue efímera. El 25 de marzo, apenas un día después de la masiva movilización por el 50° aniversario del golpe militar, cuadrillas del Gobierno de la Ciudad procedieron a borrar las pinturas.
Desde la agrupación Urquiza se Organiza denunciaron que esta acción no representa un acto de limpieza, sino una decisión política que busca invisibilizar las huellas de la memoria en los barrios. Para los residentes que participaron de la pintada, la rapidez del operativo oficial fue una respuesta deliberada a la conmemoración histórica.
El conflicto escaló rápidamente hasta la Legislatura porteña, donde se presentó un proyecto de declaración para repudiar el hecho. El documento sostiene que los pañuelos no son elementos ornamentales, sino intervenciones que materializan el compromiso social con el «Nunca Más». Según el texto presentado, el borrado resulta especialmente grave por el contexto en que se dio, afectando la libertad de expresión y el derecho de la sociedad a construir su memoria en el espacio público.
El proyecto legislativo presentado por iniciativa del legislador Andrés La Blunda (Fuerza por Buenos Aires) argumenta que la eliminación de estos símbolos constituye un mensaje regresivo que tensiona los consensos democráticos alcanzados en las últimas décadas. Además, destaca que la preservación de estas marcas es una herramienta fundamental para prevenir la repetición de hechos aberrantes y fortalecer la vida institucional de la Ciudad.
Lejos de dar el tema por cerrado, la comunidad de Villa Urquiza ha decidido mantener su postura de lucha. Bajo la consigna de que la memoria se defiende, las organizaciones sociales ya manifestaron su intención de volver a la Plaza Casal para pintar cada pañuelo las veces que sea necesario.
Mientras tanto, el reclamo ya tiene un curso legal mediante un expediente presentado ante la Junta Comunal 12. Lo que nació como una expresión comunitaria en una plaza barrial se ha transformado hoy en un debate profundo sobre el uso del espacio público y la vigencia de los derechos humanos en la agenda política actual.
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