El castillo de los gigantes

El castillo de los gigantes

La particularidad de los enormes e históricos árboles que se yerguen en la plaza Sarmiento, integrantes de una especie patagónica más antigua que la humanidad (agathis), y la preocupante desatención que padecen por parte del municipio.

“…y ese esfuerzo también modeló la Plaza Sarmiento, el pequeño pulmón entre las muchas casitas”. Urbanismo en la Red – “Historias que esconden las Mil casitas de Liniers”

Debo a la Dra. Claudia Sofía Bevilacqua —orgullosa hija de Liniers y profesional de odontología— quien con celo y calidez atiende a mi familia, el encuentro con los árboles monumentales de la Plaza Sarmiento. Había dejado a mi esposa en la puerta del consultorio y conducía en busca de un rincón despejado. Entonces los vi: la plaza y sus gigantes, emergiendo entre el ruido urbano luego de haber explorado con sus raíces -como tantos inmigrantes- este suelo generoso. Pude estacionar y salí disparado a reconocer esos majestuosos ejemplares. Ante mi visible interés, una vecina y un cuidador comentaron que se trataba de araucarias del sur de Argentina; deslicé que no se veían como nuestro Pehuén -ese araucano portento de la cordillera- ni como la subtropical araucaria angustifolia, apodada “Pino Paraná”, únicas sudamericanas del género araucaria. Tomé algunas fotos de ellos mientras crecía en mi interior la punzante inquietud por una pregunta sin respuesta inmediata. En general, creo que puedo reconocer algún pariente cercano de ellos, como la araucaria bidwillii o la excelsa -ambas de Australasia y comunes en nuestro país- pero a estos gigantes no los reconocí y así pasaron a integrar esas incógnitas que la mente mantiene abiertas hasta que una respuesta las cierra, a veces casualmente.

Pasado algún tiempo, mientras la identidad de los gigantes permanecía sin develar, descubrí en la web una información potente e ilusoria. El gobierno de la Provincia de Buenos Aires señalaba la existencia de un árbol único de la especie agathis alba en la Reserva Natural Pereyra Iraola. Tan singular era el ejemplar que, afirmaban, no existía otro igual en Sudamérica y por ello se lo declaró monumento natural a través de una ley. Se lo llama también Árbol de Cristal, por un efecto notable de sus hojas: presentan puntos brillantes en noches de luna llena por la exudación de resina en forma de gotas. Lo miré con atención y formulé una hipótesis ¿podría tratarse de un hermano de los gigantes de Plaza Sarmiento? Una digresión; de adolescente durante el festejo primaveral de la escuela secundaria, viajé a ese pulmón verde, el Parque Pereyra Iraola: un recuerdo menguante fluye de aquella época por arboles distintos a los de mi barrio. El árbol en cuestión, como otras especies de ese parque, fue plantado en la segunda parte del siglo XIX por el estanciero Pereyra Iraola, quien los trajo de un viaje por Europa, probablemente desde Inglaterra, país que ha servido de puente en la difusión de especies de la región de Australasia hacia occidente.

Mi hipótesis no pudo confirmarse, sin embargo abrió el camino hacia la identificación de los gigantes de Plaza Sarmiento, al señalarme el género agathis, que estaba fuera de mi radar intelectual. En efecto, no se trataba de araucarias sino de una variedad pariente de ellas, originario de la región de Australasia. Con ese dato hallé en el repertorio de árboles de la Ciudad de Buenos Aires a la agathis robusta, de modo que me decanté por ese nombre para nuestros gigantes. Son parientes muy cercanos a la más famosa agathis alba e invito a los lectores a comparar fotos de los ejemplares en cuestión y reconocer el parecido que presentan. Ya enfocado en la agathis robusta alcancé a ubicar algunos ejemplares más en nuestra ciudad. Hallé cuatro en el Hospital Ramos Mejía, algunos en la Plaza Lavalle y un ejemplar en el Jardín Botánico, probablemente plantado por Carlos Thays.

Aclarada la identidad, llegó el momento de observar con mayor detenimiento a nuestros gigantes en su castillo de Plaza Sarmiento. Viajé una noche de luna llena con la esperanza que su cercanía con la consagrada alba, les hubiese conferido a ellos algún poder parecido de brillar por su resina. No pude observar esa propiedad, pero leí que tampoco la pariente agathis alba -la famosa- lo hace en su bosque de Parque Pereyra Iraola. Alguien comentó sobre la pérdida de esa propiedad por la adaptación de las agathis al clima templado de nuestra pampa, con nivel térmico diferenciado del subtropical originario. Dispuse un esquema de los ejemplares de la plaza. Computé once, cuando de acuerdo a la distribución regular que se aprecia deberían ser doce. Una no prosperó o, si lo hizo, tal vez un temporal terminó de derribarla. Transcribo un texto de Urbanismo en la Red “En la Plaza Sarmiento se apiñan hoy muchos árboles, aunque una tormenta de vientos furioso derrumbó alguno y quebró las copas de otros. Los más altos y majestuosos, en la esquina de El Rastreador y Tuyutí, se inclinan flexibles y acompasados cuando el viento los acicala”. También registré cuatro ejemplares de la más familiar araucaria bidwillii, de manera que una plaza de cinco mil ochocientos metros cuadrados cuenta con una densidad considerable de agathis y araucarias, ambos géneros, pertenecientes a la familia de las araucariáceas.

Una reflexión sobre el estado de salud de los ejemplares, razonablemente adaptados al ambiente del eco-región pampeano, con desarrollo de fustes considerables. He calculado de forma aproximada el perímetro del tronco a la altura de pecho de un ejemplar del Hospital Ramos Mejía: midió 3,60 m, de manera que el diámetro aproximado se calcula en 1,15 m. Entiendo que el hospital se habilitó en los últimos años del siglo XIX, luego asumo para ellas una edad aproximada de 130/135 años.

Me preocupa una situación y la expongo en la imagen que acompaña esta nota. Más arriba expliqué la falta de una agathis de las doce que deduzco fueron implantadas y no sabemos si no prosperó por enfermedades o bien fue derribada por temporales. Hay dos agathis que presentan heridas importantes, sin duda producto de fuertes vientos y, estimo, merecen ser tratadas con herramientas sanitarias disponibles.

Bajo la sombra de estas agathis –gigantes guardianes de la Plaza Sarmiento- no sólo descansan los pasos de un barrio que creció a su alrededor, sino también ecos de una historia más antigua. La mano humana, al traerlas desde el sudeste asiático, sin saberlo restituyó a Argentina a los descendientes de aquellos árboles que millones de años atrás habitaron la Patagonia y sobrevivieron por mucho tiempo a la gran extinción del Cretácico. En mi búsqueda, encontré una investigación de científicos del Conicet del año 2018 que describe fósiles de agathis inmortalis, de fecha posterior en dos millones de años al suceso destructivo que terminó con dinosaurios y parte de la vida. Más arriba aludí a sus raíces inmigrantes, como las mías; ante este hallazgo me rectifico, su linaje habitó estas tierras y por lo tanto son de una raza originaria más antigua que la humana. Simplemente las hemos regresado. Hoy su presencia no es sólo adorno vegetal; es un puente entre la historia local y la historia natural del planeta. Cuidarlas es honrar el pasado del barrio y la larga memoria de la vida sobre la Tierra.

Manuel Míguez

mmiguez47@gmail.com