
El recuerdo de las grandes sederías que habitaron el centro comercial de Liniers.
Por Daniel Aresse Tomadoni (*)
“Hágalo usted mismo”. Ese era, sin dudas, el lema y la consigna que guiaba el destino de los comercios del rubro que nos ocupa en la columna de hoy. Me refiero, claro, al de las inolvidables sederías que existieron en el barrio de Liniers y que, en algunos casos, fueron emblemáticas. Como sea, todas ellas atraían a una gran cantidad de Mujeres que deseaban confeccionar ese modelo que previamente habían visto en alguna revista, ya sea para lucirlo ellas mismas o, sin eran modistas, para alguna clienta que arribaba -revista en mano- para que le realizaran aquel modelo que lucía la chica de la tapa.
Si hablamos de sederías famosas, sin dudas “Mario”, de Mario Salibe, fue una de ellas. En un radio de dos manzanas poseía un total de cinco locales: dos sobre José León Suárez, otros dos sobre Ibarrola y uno más sobre General Paz, entre Rivadavia y Ramón Falcón. En cada uno de ellos no sólo se podía en contrar un enorme Surtido de sedas, sino también lanas de todo tipo.
A poca distancia de allí, caminando por General Paz, cerca de Ibarrola, se encontraba la sedería de los hermanos Tasat. Ese largo local era el paraíso de la clientela por el enorme surtido y los coloridos rollos que subían y bajaban de las estanterías para ser medidos y posteriormente cortados con precisión quirúrgica por los Tasat. Siguiendo Hacia Ramón Falcón, en la esquina se hallaba una enorme sucursal de las Tiendas Mil Saldos donde, entre otras cosas, vendían cortes de telas de liquidación, al igual que en algunos locales cercanos, siempre sobre Ramón Falcón.
Ya transitando por Rivadavia, arribamos a la esquina de Carhué, donde un enorme cartel luminoso con letras rojas y verdes, anunciaba “Carhué Sedas y Lanas”. Un local muy surtido y bien iluminado, brillaba en las noches de Liniers, durante las últimas décadas del siglo pasado.
Finalizamos la recorrida con otra de las enormes sederías de entonces, en este caso “La Coqueta”. Como su Nombre lo indica, este enorme comercio contaba con los mejores cortes de tela y una gran cantidad de empleados para la esmerada atención de sus clientes. Fueron épocas en las que se vestía bien y con muy buen gusto, Imitando modelos de las revistas donde mujeres famosas vestían al último grito de la moda y el ama de casa, por pocos pesos, confeccionaba sus propias prendas. Claro que para ello, nada mejor que las telas de calidad que se adquirían en estos locales.
En otros envíos hablaremos de las famosas tiendas que también tuvo el barrio de Liniers. Hasta la próxima y muchas gracias por permitirme compartir estos recuerdos con ustedes.
(*) Aresse Tomadoni es director general de “Relatos del viajero” y “Épocas del mundo” que se ofrecen a través de Youtube

