Papelón histórico de Vélez en Mendoza

Papelón histórico de Vélez en Mendoza

A los 10 minutos el Fortín ya le ganaba 2 a 0 a Gimnasia y Esgrima, y en los diez minutos siguientes pudo haber ampliado el marcador con otros dos goles más. Pero a partir de allí, el juego lujoso y atildado del conjunto de Barros Schelotto se transformó en una verdadera pesadilla, y el Lobo mendocino lo aprovechó a más no poder. Al cierre de la primera etapa logró el descuento y sobre el final del partido lo dio vuelta para vencer merecidamente por 3 a 2. Así, un Vélez ciclotímico y sin sangre cayó por segunda vez consecutiva en el campeonato.

Suele decirse que el estado anímico de un equipo constituye una parte esencial de su rendimiento. Así, confiar en su potencial permite duplicarlo, pero al mismo tiempo, suponer que pueda ser superado por el rival implica amplificar sus limitaciones. Claro que, por lo general, ese envión o bajón anímico se produce en una sucesión de partidos. A Vélez, sin embargo, hoy le pasó en apenas unos minutos.

Desde el pitazo inicial el Fortín fue una tromba. No sólo buscó permanentemente el arco de enfrente -custodiado por el exVélez César Rigamonti- sino que hizo circular el balón con efectividad y elegancia generado acciones claras. Así, a los 2 minutos llegó el golazo de Florián Monzón, tras ocho toques magistrales que arrancaron casi en el área de Vélez para que el hijo de Pedro Damián la clavará en el ángulo con un zurdazo espectacular. Y a los diez, una pisada maradoneana de Diego Valdes habilitó a Manuel Lanzini, que estampó el dos a cero. Vélez era una máquina y todo hacía suponer que el resultado sería bastante más abultado para la visita. A los 15’, otra vez Monzón tuvo el tercero, pero su remate salió por arriba, y a los 19’ Matías Pellegrini tuvo el suyo y el balón se fue arañando el palo derecho de Rigamonti.

Pero a partir de allí, el Fortín se fue apagando y le fue regalando la pelota al local que empezó a adelantarse en el terreno y a probar de media distancia. El Vélez de los primeros veinte minutos ya era una sombra, y la apatía de sus jugadores era una clara señal de desconcierto. Hasta que en el descuento de esa primera etapa, un tiro libre desde la izquierda cayó en el área de Álvaro Montero, que amagó salir y se quedó a mitad de camino, para que Ezequiel Muñoz la acomodara de cabeza junto a un palo y marcara el descuento.

La segunda parte fue un calco de cómo había concluido la primera: con un Vélez timorato que apenas apelaba a aguantar el resultado, y un Gimnasia decidido a darlo vuelta, consciente de la apatía del puntero del campeonato. Una defensa permeable invitaba al local a llegar con claridad, porque los laterales eran desbordados con facilidad y los dos centrales daban ventajas en cada centro al área. Pero lo más desconcertando fue el cambio que realizó el Mellizo a los 5’, al sacar a Valdes -el mejor jugador de la cancha- para que ingresara Rodrigo Aliendro. Poco después, debió salir por un golpe Matías Pellegrini y a partir de ahí Vélez se terminó de desmoronar.

El Lobo mendocino merecía más y se sabía que el gol estaba al caer. Por eso no sorprendió que a los 35’ Agustín Módica clavara el empate con otro cabezazo letal en el área que -una vez más- venció la resistencia de Montero. Y ya en el descuento, en un desborde por derecha volvió a quedar pagando Elías Gómez, el centro venció la estirada de Montero -con responsabilidad directa en los cuatro últimos goles que recibió- y la pelota dio en la pierna de Emanuel Mammana para ingresar lentamente en el arco y estampar el 3 a 2 definitivo para el local.

El puñado de minutos que faltó para el final fue más de lo mismo: un Vélez apático, inoperante y sin corazón caminaba por la cancha en medio de un nubarrón de incertidumbre, que no lo dejaba ver todo lo bueno que había hecho en los primeros veinte minutos de partido.

Con el pitazo final los hinchas se preguntan ¿Cuál es el Vélez verdadero? ¿El de ese arranque contundente y demoledor o el vapuleado e inexpresivo del resto del partido?

La respuesta deberá darla el cuerpo técnico y, de ser posible, antes de la seguidilla de partidos que se le viene al Fortín, que deberá olvidar el papelón para intentar que el combustible de los veinte minutos de buen fútbol, le alcance para todo el partido.