La Boca: Violento ataque a la sede del sindicato del vidrio

La Boca: Violento ataque a la sede del sindicato del vidrio

La madrugada del domingo sacudió La Boca con un episodio de crudeza que pone los pelos de punta: encapuchados irrumpieron en la sede central del Sindicato de Empleados de la Industria del Vidrio y Afines (SEIVARA), en Avenida Garay, dejando un tendal de destrozos y un mensaje implícito de amenaza. La CGT levantó la voz de inmediato para denunciar el hecho, ocurrido pasadas la 1:30, y apuntó a una maniobra profesional que no huele a robo cualquiera, sino a intimidación en plena efervescencia gremial porteña.

Cristian Jerónimo, secretario general del gremio, estaba adentro cuando los agresores forzaron la entrada desde un edificio colindante. Rompieron cámaras de vigilancia a martillazos, reventaron puertas y arrasaron oficinas, con el despacho del líder como epicentro del desastre: mesas volteadas, archivos esparcidos y paredes marcadas como si quisieran borrar huellas. “Dejaron todo patas para arriba, pero esto no nos dobla”, relató una fuente cercana al sindicato, que ya radicó la denuncia en Comisaría 1°.

La central obrera no se anda con chiquitas: “No es un lugar común, hay ribetes políticos y ejecución prolija que gritan montaje”, dispararon desde la CGT, exigiendo a la Justicia que escarbe sin anestesia ni hipótesis descartadas. Jerónimo, con tono firme, reclamó: “Que los fiscales vayan al hueso, con seriedad total y hasta el fondo. Vamos a esclarecer esto”. El timing agrava todo: el ataque llega a tres días de la masiva marcha a Plaza de Mayo del 18 de diciembre, en repudio a reformas laborales que el Gobierno impulsa sin mesa de diálogo.

En el barrio de La Boca, donde las luchas obreras son fibra del ADN —piensen en los puertos y las fábricas que forjaron su historia—, este golpe resuena como eco de tensiones mayores. El sindicato vincula el episodio a la escalada contra el plan de lucha por salarios dignos y derechos que no se negocian. “Nos quieren amedrentar antes de la movilización, pero logran lo inverso: nos endurecemos”, aseguraron voceros, prometiendo que la sede se reconstruye y la columna al Obelisco sale intacta.

La irrupción en SEIVARA expone fisuras en la seguridad porteña y aviva el debate sobre violencia contra dirigentes en un contexto de ajuste salvaje. Mientras peritos recolectan pruebas —vidrios rotos, huellas digitales y cintas recuperadas—, La Boca cierra filas: vecinos y compañeros ya arman vigilias. La Justicia, con fiscales porteños al frente, tiene la pelota: ¿robo express o zarpazo político? El movimiento obrero no afloja y el 18D pinta caliente.