
Siete familias de La Boca terminaron en la calle el jueves pasado, tras un desalojo ordenado por el Gobierno de la Ciudad en un conventillo de Carlos F. Melo 580, en el corazón del Barrio Chino. Mientras tanto, efectivos de la Guardia de Auxilio y Hábitat siguen en el sitio, ofreciendo apoyo y orientación a los damnificados, en su mayoría en situación de extrema fragilidad.
Los funcionarios porteños justificaron la medida alegando riesgo inminente de colapso estructural, pero los afectados denuncian irregularidades: durante una semana completa no les permitieron volver para rescatar efectos personales, como remedios esenciales que necesitan niños y adultos mayores entre los desalojados. “Nos tienen dando vueltas y expuestos al frío, sin un mango de ayuda de emergencia”, se quejó una de las madres, con bronca contenida. “Encima amenazan con clausurar todo por dentro, tapiando las puertas”.
Estas familias habitan el predio hace más de tres décadas, en un típico conventillo sin propietario formal, lo que deja al Estado porteño como heredero potencial del terreno. No es un caso aislado: vecinos alertan sobre un patrón de operativos similares en los últimos meses, especialmente cerca del eje turístico. En 2013, un voraz incendio en ese mismo lote –el tercero en su historial– se cobró la vida de dos hermanitos; hoy, entre los expulsados están los padres de esas víctimas, reviviendo el trauma.
Gabriela Eroles, trabajadora social del Grupo de Vivienda y Hábitat de La Boca, acompaña el proceso desde el arranque. “Llevamos 15 años lidiando con la crisis de viviendas en el barrio: precariedad extrema, cortos eléctricos que provocan siniestros”, relata al teléfono. Su organización integra La Boca Resiste y Propone, una multisectorial que documenta el aumento de desalojos. “Antes eran esporádicos, solo por derrumbes reales; ahora son administrativos y frecuentes, sobre todo en zonas como Necochea, pegadas al Caminito”, detalla.
El acta de desalojo administrativo, a la que accedió este medio, data del jueves y fue ejecutada por personal municipal en el Barrio Chino, epicentro de la bohemia popular pero también de la marginalidad. Mientras las familias arman ranchos improvisados en la vereda –con colchones y ollas–, reclaman soluciones concretas: refugios temporales, subsidios y diálogo real. “Queremos urbanización, no expulsión para especular con el metro cuadrado turístico”, claman.
En La Boca, donde el puerto y la Quema del Diablo conviven con 50 conventillos en riesgo según informes de la Defensoría, este episodio suma a una oleada de 20 desalojos en 2025. La multisectorial exige audiencia con el Ministerio de Desarrollo Humano.
