
Luciano Cáceres llegó al Cine Teatro El Plata con “Paraíso”, el exitoso unipersonal que le permite volcar todo su talento sobre el escenario. La obra, que invita a reflexionar sobre la masculinidad, la empatía y las segundas oportunidades, se presentó este domingo a sala llena en Mataderos y volverá a presentarse el domingo próximo, con localidades agotadas. En esta nota, la entrevista exclusiva de Cosas de Barrio con el flamante ganador del Martín Fierro como mejor actor, una vez terminada la función.
El aplauso todavía resuena en la sala cuando Luciano Cáceres se dispone a conversar con Cosas de Barrio. Minutos antes, el actor había recibido el cariño del público tras una nueva función de Paraíso, el unipersonal escrito por la dramaturga madrileña Inmaculada Alvear que agotó localidades en distintos escenarios porteños y que ahora llegó al Cine Teatro El Plata, de Mataderos, con dos únicas funciones.
Relajado, sonriente y aún atravesado por la energía de la obra, Cáceres habla con la misma pasión con la que interpreta a Juan Valero, el protagonista de esta historia. No es casual: el artista acaba de ser reconocido con el Martín Fierro como mejor actor y atraviesa uno de los momentos más destacados de su carrera.
Paraíso, con versión de Dany Mañas y dirección de Ignacio Rodríguez de Anca, propone una historia tan original como movilizadora. Juan Valero es un exitoso empresario que, luego de recibir un trasplante de corazón, comienza a experimentar emociones y recuerdos que parecen pertenecer a la mujer que fue donante del órgano: una trabajadora sexual dominicana ubicada en las antípodas de su realidad social y económica.
A partir de esa premisa, la obra abre interrogantes sobre la identidad, la sensibilidad, los vínculos humanos y la posibilidad de transformación.
Para Cáceres, el verdadero desafío no estuvo únicamente en interpretar a un personaje influido por una experiencia extraordinaria, sino en comprender lo que la obra intenta contar más allá de su punto de partida.
—¿Cómo fue para vos ponerte en la piel de una mujer para este papel?
—Más que el papel de una mujer es entender algo de la sensibilidad femenina. Creo que la obra trasciende ese tema. Es un punto de partida recibir el órgano de una mujer para un cuerpo masculino, pero habla de un transicionar mucho más potente.
Mientras responde, el actor destaca el trabajo colectivo detrás del espectáculo. Menciona al director Ignacio Rodríguez de Anca, a la asesora artística Verónica Mc Loughlin y al equipo creativo que acompaña la puesta. “Todo fue un gran trabajo en conjunto. Vestuario, iluminación, música original, video. Todos laburando para que esto sea un gran espectáculo”, asegura.
La producción cuenta con dispositivo escénico de Victorio Bello, vestuario de Carolina Langer, diseño lumínico de Ricardo Sica, música original y diseño sonoro de Nicolás Diab, imagen audiovisual de Sonia Frickx y asistencia artística de Verónica Mc Loughlin. La obra es una coproducción del Complejo Teatral de Buenos Aires y VE8.
A lo largo de la función, Cáceres transita múltiples estados emocionales y construye universos completamente diferentes. Sobre ese proceso creativo, el actor explica que el trabajo comenzó mucho antes de los ensayos. “De alguna manera no son sólo los ensayos”, reflexiona. Y agrega: “en agosto voy a estar cumpliendo 38 años en los que me dedico a este oficio precioso. Creo que la palabra clave siempre es la disponibilidad, la entrega, intentar encarnar lo más posible y no guardarme nada”.
La experiencia acumulada en más de cinco décadas de vida y casi cuatro sobre los escenarios aparece en cada respuesta. Lejos de hablar desde la comodidad de la trayectoria, Cáceres insiste en la importancia de seguir explorando nuevos márgenes. “Hay que superar todo el tiempo los límites que uno conoce sobre su instrumento y estar acompañado para que esa exigencia aparezca en lugares nuevos también”, sostiene.
La llegada de Paraíso a Mataderos tuvo un significado especial. El Cine Teatro El Plata, uno de los espacios culturales más emblemáticos de la zona, recibió a una gran cantidad de espectadores y volvió a demostrar el vínculo que mantiene con los vecinos del barrio.
—Hoy llegás a Mataderos. ¿Cómo te recibió la gente?
La sonrisa aparece antes de la respuesta.
—Espectacular. Bueno, lo viste. Una fiesta enorme, un placer venir a este teatro que recuperó la misma gente del barrio y que está buenísimo.
El actor hace una breve pausa y agrega una noticia que refleja el entusiasmo generado por la obra: “Ya está agotado el próximo domingo, así que estamos muy contentos”.
Las funciones en El Plata forman parte de un recorrido exitoso que incluyó presentaciones a sala llena en el Teatro San Martín y en el Regio. Sin embargo, más allá del reconocimiento y de los aplausos, Cáceres insiste en que lo más importante es aquello que sucede cuando el público abandona la sala.
—¿Qué te gustaría que el público se llevara al salir de la función?
El actor se toma unos segundos antes de responder. Luego, con tono sereno, comparte la reflexión que atraviesa toda la obra.
—Creo que son obras que no sólo entretienen, sino que hablan de algo más esencial.
Para él, la historia de Juan Valero funciona como una invitación a revisar prioridades y detenerse en aquello verdaderamente relevante. “Lo importante son los sentimientos, las emociones y los vínculos sanos. Todo lo material no te lo llevás a ningún lado”, afirma.
Y concluye con una frase que parece resumir el espíritu de Paraíso: “Mucha gente pierde tiempo detrás de la zanahoria. Y en ese camino se pierde todo el amor que está recibiendo alrededor y no lo valora”.
La metáfora del trasplante de corazón aparece entonces como algo más que un recurso dramático. Tal como el propio Cáceres ha señalado alguna vez, la obra habla de segundas oportunidades y de la posibilidad de cambiar, de permitir que aquello que permanece oculto encuentre finalmente una forma de manifestarse.
Con humor, emoción y momentos de profunda sensibilidad, Paraíso propone un viaje hacia aquello que nos vuelve humanos. Y Luciano Cáceres, solo en escena, logra que cada espectador se haga una pregunta tan simple como incómoda: ¿qué pasaría si escucháramos más al corazón?
Federica Feifer
