“Tenemos un gobierno que disfruta con el dolor de la gente”

“Tenemos un gobierno que disfruta con el dolor de la gente”

En una entrevista sin tapujos, el destacado actor linierense, Raúl Rizzo, se refirió a la compleja realidad que atraviesa el país, a la par de explayarse sobre su labor artística, luego del complejo episodio de salud que le tocó sortear durante la pandemia.

Raúl Rizzo es de esos actores que hacen un culto de su profesión y la enarbolan como bandera. Para él, la actuación es una forma de dar testimonio del mundo que le toca vivir. Así lo expresa arriba y abajo del escenario, cada vez que le acercan un micrófono y lo invitan a expresarse sobre la realidad del país. “Este gobierno le libró una guerra al arte y la cultura, odia profundamente al cine, al teatro y a la televisión”, dirá en esta charla con Cosas de Barrio, pero antes le rendirá un homenaje a su entrañable barrio de Liniers, el mismo en el que nació hace 78 años y en el que aún hoy sigue tejiendo historias.

“Empecé en la Sociedad de Fomento del pasaje Félix Origone. Tenía la necesidad de hacer teatro, así que fui y les dije que podía hacer lo que me pidieran, pintar, clavar clavos, pero lo que yo quería era estar arriba de un escenario. Y así fue, íbamos por los clubes del barrio haciendo funciones, lo primera que hice fue ‘Los de la mesa 10’, de Osvaldo Dragún”, relata con una sonrisa nostálgica el encargado de ponerle el cuerpo al indómito intendente Costa, de Padre Coraje.

En una de esas funciones alguien lo vio y le propuso estudiar con Alejandra Boero. “Ahí empecé como alumno de esos grandes maestros de teatro como Alejandra -recuerda-. Después vino Raúl Serrano y por último Agustín Aleso, que yo los tomo como los tres ejes fundamentales de mi formación teatral”. Paralelamente iba haciendo cosas en teatro y también alguna que otra publicidad en la tele. “Hubo una que fue especial, que me dio la posibilidad de que me conozcan los productores de televisión y me resultara más sencillo ir a pedir trabajo. Fue una publicidad de cigarrillos en la que me ponía un as de espadas en la frente y cerraba el juego. Me acuerdo que la gente me paraba por la calle y me preguntaba si era el chico de los cigarrillos, el del as de espadas. A partir de ahí empecé una serie de trabajos en televisión y en teatro que se fueron consolidando con el correr de los años”.

Un tiempo antes había terminado la Primaria en la Escuela Félix de Olazábal, de Tellier, hoy Lisandro de la Torre, y Ramon Falcón. “El secundario lo hice en el Industrial 4, de Lacarra y Alberdi, pero hasta cuarto año -confiesa- porque después vino el teatro y el trabajo. Laburé en mil cosas, en talleres, vendí cosas por la calle, hice de todo; y en paralelo iba estudiando teatro y haciendo obras, muchas de las cuales eran creaciones colectivas junto con compañeros de estudio”. Esos compañeros eran Mario Pasic y Juan Leyrado; juntos participaron en Madre Coraje, obra que representaron en plaza Las Heras. “Era una época en la que la Municipalidad de Buenos Aires hacía un ciclo que se llamaba teatro de verano que era al aire libre, en el Jardín Botánico, en Caminito, algo muy lindo que lamentablemente no se volvió a hacer, porque era una fuente de trabajo para los actores y un espectáculo atractivo para la gente”.

Algunos aún hoy recuerdan que el joven Raúl se daba maña con la redonda y era un endiablado volante por derecha. “De pibe me pasaba el con la pelota. Llegué a jugar en las inferiores de Atlanta, de Ferro, de Excursionistas y de Deportivo Español. En esa época estaba entre ser jugador de fútbol o actor, hasta que finalmente opté por las tablas”, evoca, el que tantas veces se calzó los cortos en la plaza Sarmiento.

– ¿Hoy estás alejado de la pantalla o hay una lista negra y por eso no te llaman?

– Hice algunas cosas en plataformas, lo último fue “Un León en el Bosque”, sobre un chico autista que la hicimos en Pinamar, y antes hice “El buen retiro”. Pero este trabajo cambió mucho, antes competíamos entre nosotros y ahora competimos con todos los actores y actrices de habla hispana, entonces el mercado se achica. Además, en la época en que yo trabajé intensamente había ficción en televisión abierta, y hoy ya no lo hay, en Argentina no hay nada, sólo volvemos a aparecer en el Canal Volver… Hace poco se estrenó algo mío en el Gaumont, donde se estrena lo poco de cine argentino que se produce hoy en día, porque el INCAA ya casi no existe. Es un momento muy duro para el actor, no hay ficción en televisión, hay muy poco cine, y hoy la herramienta del laburo es el teatro.

Desde hace años Raúl Rizzo da clases de teatro junto a su mujer, Paola, que también es actriz. “Estamos en el Municipio de Merlo y también acá en el barrio, en la parroquia Corpus Domini, de Albariño 266, que tiene un lugar bárbaro”, explica. Su actividad docente la conjuga con las giras con está haciendo con “Rojos globos rojos”, la obra de Tato Pavlovsky con la que estuvo en Vicente López, se presentará en el Coliseo Podesta, de La Plata, y los sábados de julio en el teatro UOCRA, en Almagro.

– De alguna manera volviste a las fuentes, al teatro autogestivo…

– Sí, sí, con Rojos globos rojos estuve trabajando mucho con el Instituto de Cultura de la Provincia de Buenos Aires y estuvimos en Mar del Plata, también. Además, hice la experiencia de micro teatro en Palermo durante todo abril, que son obras que se resuelven en 14, 15 minutos y se hacen cuatro funciones por presentación. Es algo que nació en España y se fue difundiendo. Argentina lo tomó y tiene una gran adhesión de la gente.

– Una especie de adaptación al formato de TikTok. Digo, esta necesidad que sea todo rápido, cortito y al pie ¿no?

– Sí, sí, por eso acude mucha gente joven, porque los pibes no se bancan una obra larga. Sinceramente me sorprendió la cantidad de gente joven que va a ver esos espectáculos.

– Se puede decir que estás bastante entretenido entonces…

– Sí, y preocupado también. Yo vivo de esta profesión desde hace muchos años y hoy es cada vez más difícil vivir de esto. Tenemos un porcentaje altísimo de actores sin trabajo.

Esta es la realidad que nos toca y ahora se ha agudizado mucho.

Como el fútbol y su pasión por el teatro, Raúl Rizzo también comenzó a militar en el barrio de Liniers. “Siempre lo digo, antes que actor, director y docente de teatro, soy un ciudadano al que le duele este país. Siempre tomé esa frase que era la declaración de principios de Teatro Abierto, del cual participé hace muchos años, una de las frases que escribió el gran dramaturgo Carlos Somigliana, que decía ‘porque amamos dolorosamente este país’. Esa frase fue un caballito de batalla en mi vida. Ahí empecé a militar en favor de la justicia, en este país donde hay una gran injusticia social, mucha desigualdad, y en los últimos años eso se ha agudizado de una manera notable. Nosotros, los que hacemos arte, no estamos ajenos a eso y también lo padecemos”.

– Muchos colegas tuyos que seguramente tengan una posición política prefieren no hacerla pública, suponiendo que eso tal vez les cierra algunas puertas. Pero en tu caso ocurre lo contrario ¿Tuviste consecuencias?

– Y me ha cerrado algunas puertas, no tengas dudas. Pero me parece que la voz de un actor con cierto conocimiento popular tiene fuerza. Creo que es necesario preguntarse por qué hay tanta desigualdad, tanta injusticia, por qué padecen los jubilados, los discapacitados, por qué se echa a tanta gente de los trabajos, porque esa es la realidad que estamos viviendo hoy. Allá aquel que no quiera pronunciarse, pero yo creo que un artista debe pronunciarse arriba y abajo del escenario. Por eso no hago cualquier cosa en teatro sino aquellas obras que tengan cierta coherencia con mi manera de pensar, de ver la vida. Por ejemplo, esta obra “Rojos globos rojos” tiene humor, tiene amor, tiene dolor, tiene escepticismo, aparecen todos los aspectos humanos. Y esa es la tarea que tienen que cumplir el arte y el teatro, reflejar eso.

– Además de cerrarte puertas entiendo que esa postura te habrá regalado algunas sonrisas…

– Totalmente. La gente me lo reconoce por la calle. Hace algún tiempo hice “La tentación”, de Pacho O’Donell, que trata sobre los últimos días del mandato de Manuel Dorrego, un hecho histórico muy fuerte y muy poco visibilizado. Un tipo que era un líder amado por el pueblo y traicionado por Lavalle y por Rivadavia, y nosotros lo contamos en esa obra. Algo parecido me ocurre con la obra que estoy haciendo ahora. Charlamos con la gente cuando termina cada función y en la gran mayoría suelo cosechar adhesión a mis planteos políticos y sociales. Claro que también tengo mis detractores que a veces se pronuncian y me insultan por la calle, algunos en forma muy agresiva incluso.

– Ese posicionamiento se traduce muchas veces en tu activa participación en distintas instituciones y organizaciones políticas locales…

– Es cierto. Suelo participar en la jornada anual en la que se recuerda al Padre Mugica, allí en la plaza Salaberry, donde estaba el hospital en el que murió. Siempre participo de ese homenaje, casi todos los años estoy ahí. También fui uno de los que militó para lograr que el cine El Plata, de Mataderos, vuelva a ser un centro cultural y no se transforme en otra cosa.

– Visto en perspectiva ¿Tenés una mirada nostálgica de aquellos años de lucha?

–  Totalmente. Extraño la rebeldía. Entonces la gente tenía más rebeldía, enfrentaba más las injusticias. Hoy parece aceptarse casi naturalmente esa condición de sometimiento. Y eso me llama la atención y me duele. Es doloroso que la gente acepte las cosas tan feas que están pasando.

– ¿Hablás de un pueblo pasivo?

– Claro, de un pueblo que no sé qué esperando, porque este gobierno que tenemos gobierna para los sectores económicos más poderosos y goza con el dolor de la gente. No es casual que cada vez que la gente se moviliza haya represión. Es un gobierno que odia al pueblo y sin embargo la gente lo apoyó ¿Viste cuando se dice que la dictadura fue cívico militar? Bueno, este gobierno es la parte cívica de aquella dictadura.

– Ok, pero en algún momento algo ocurrió para que el pueblo lo haya votado ¿Qué pasó? ¿Qué se hizo mal?

– A ver, en la etapa del kirchnerismo, y no porque yo sea o no sea kirchnerista, todos recibimos muchas cosas, cosas de las no se aclaró suficientemente lo que cuesta conseguirlas y lo que hay que hacer para conservarlas. Porque la gente, cuando en los canales de noticias se le pregunta cómo está, suele decir “hace unos años hasta estaba mejor”, y no se refiere precisamente al gobierno de Macri, porque ahí empezó esto que hoy padecemos ¿Vos me preguntás qué se hizo mal? Yo creo que el kirchnerismo no hizo nada para concientizar a la población, porque militar es también concientizar sobre lo que se consigue, como las moratorias jubilatorias para que se puedan jubilar las amas de casa, que trabajan tanto o más que los laburan en la fábrica o en la oficina ¿Cómo no iba a tener derecho a jubilarse un ama de casa? ¡Por favor! Bueno eso se consiguió en la época del kirchnerismo, y que la gente hoy no sea consciente de eso es un error de militancia del kirchernerismo, porque cuando algo se consigue hay que defenderlo, saber, como decía Cristina, empoderarse de eso y hacerlo propio para defenderlo cuando se corre el riesgo de perderlo. Nada está garantizado si no lo defendés, si no peleas por ese derecho.

– Puede resultar una pregunta obvia, pero ¿Qué opinión tenés de Javier Milei?

– El presidente tiene graves dificultades de salud mental. Esto es algo que muchos creen, pero pocos dicen, y la conducta de él lo corrobora. Algo le ha pasado a este hombre en algún momento de su vida y lo ha transformado en lo que es hoy. Pero evidentemente es un personaje que le viene al dedillo al poder económico. Un poder que ahora está tratando de reemplazarlo porque el descrédito es notable, lo muestran las encuestas, lo muestra la gente en la calle. Hay mucha gente arrepentida de haberlo apoyado. Pero el problema no es Milei, él es un tipo que está siendo usado por su condición, y cumple al pie de la letra. Es un portero de lujo, como esos tipos que te preguntan a dónde vas cuando entrás a un edificio, lo hacen con un entusiasmo y unas ganas notables de ser alcahuete de los poderosos que viven ahí. Bueno, el presidente es algo así. Por eso digo que el problema pasa por los grupos económicos a los que les ha venido bárbaro tener a un tipo de esas características, junto a un grupo de delincuentes que conforman el gabinete, con alguien como Toto Caputo que ya endeudó al país y lo vuelven a poner como ministro de Economía para que lo vuelva a endeudar…

– ¿Tenés miedo de que toda esa bronca se transforme en abatimiento?

– Claro. Por eso hablo de la mansedumbre del pueblo frente a episodios tan evidentes, tan elocuentes, que no hace falta explicar demasiado. No entiendo qué espera la gente que todavía tiene expectativas y dice que no hay que ser tan pesimista. Esa gente es cómplice cuando un chico muere de desnutrición. El otro día escuchaba a un médico que comentaba la cantidad de gente mayor que se muere por no tener los medicamentos que antes le otorgaba el PAMI, medicamentos para problemas oncológicos, para la diabetes, para el corazón. Y cuando no tenés eso, te morís. Así de simple.

– Tocaste el tema de la salud y no puedo dejar de preguntarte por tu estado de salud después del episodio terrible que viviste durante la pandemia de Covid ¿Cómo seguís?

– Estoy muy bien por suerte, me recuperé muy bien y espero seguir así con ganas, con energía. Hoy me encuentro con gente que ha padecido también en la pandemia, que por ahí no ha estado tan grave como yo, y me cuenta que sube una escalera y se ahoga. A mí eso no me pasa. Y ojo que mientras estuve internado tuve dos veces neumonía bilateral. Primero me entubaron y después me hicieron traqueotomía. Fue bravo lo mío. Muy bravo. Pero ya está superado gracias a Dios.

Poco después de debatirse contra el Covid, Rizzo debió soportar la pérdida de Anahí, su hija mayor, quien falleció repentinamente con apenas 34 años a comienzos de 2024. Tras aquel impacto tan duro, el actor logró recomponerse y resguardarse en su primer amor: el teatro.

– ¿Qué proyectos tenés hoy?

– Estoy trabajando con el autor de las obras de microteatro que está ampliando esos relatos para llevarlos a la duración de una obra tradicional sobre el mismo eje argumental, con la intención de presentarlas en teatro. Además, en septiembre próximo vamos a estar haciendo algunas funciones de “La nona” acá en el barrio, en el auditorio del Instituto San José, de Ercilla y Murguiondo.

– ¿Te gustaría presentarte en el cine teatro El Plata?

– ¡Pero claro! Es un espacio hermoso con una historia riquísima, pero para poder actuar allí habría que ser parte de la programación del Complejo Teatral de Buenos Aires. Obvio que si existiera la posibilidad sería un honor para mí subirme a ese escenario.

Ricardo Daniel Nicolini