Investigación académica sobre mujeres en la historia urbana del Abasto

Investigación académica sobre mujeres en la historia urbana del Abasto

Una reciente investigación histórica y urbanística sacó a la luz un mundo desconocido y oculto, protagonizado por emprendedoras y promotoras de arquitectura que lograron superar los límites impuestos durante finales del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX, dejando una huella profunda y significativa en la memoria histórica y en el paisaje urbano del barrio del Abasto.

El trabajo, titulado «Emprendedoras y promotoras de arquitectura del barrio del Abasto de Buenos Aires» y desarrollado por la investigadora Verónica Benedet (Universidad del País Vasco), demuestra cómo un colectivo de mujeres logró tener una activa participación en la configuración de la ciudad, en una época donde se enfrentaban a la exclusión de la esfera pública y sus derechos civiles estaban subordinados a la autoridad masculina por el Código Civil de 1869.

Los resultados de esta investigación, que forma parte del libro Promotoras de Arquitectura. Mujeres, poder y paisajes urbanos (Editorial UPV/EHU, 2026), se obtuvieron mediante un exhaustivo vaciado documental y planimétrico de una muestra arbitraria de 50 edificios seleccionados en torno al ex-Mercado de Abasto, en el perímetro de las calles Tucumán, Ecuador, Mario Bravo y la avenida Corrientes, entre los años 1889 y 1951.

Dentro de la muestra analizada, se constató una cifra que el estudio califica como sorprendente para la época: el 30% de las titularidades de estos inmuebles correspondía a mujeres. De ese porcentaje, un 70% figuraba exclusivamente como propietaria, mientras que el 30% restante combinaba la propiedad con una actividad comercial gestionada por ellas, abarcando desde hoteles y locales de renta hasta fábricas de tejido de punto, depósitos de vino, bares y restaurantes.

Los casos emblemáticos del trazado barrial

Dentro del desarrollo urbano de este sector, el estudio identifica dos modelos de agencia femenina: el de las emprendedoras comerciales y el de las mujeres que ejercieron el “matronazgo” institucional mediante la promoción de arquitectura monumental y de culto. En este último grupo destaca el rol de las comunidades religiosas femeninas, específicamente la congregación de las Hijas de la Inmaculada Concepción de Buenos Aires. Estas religiosas actuaron como impulsoras y patrocinadoras clave en la construcción del complejo educativo y la capilla ubicados sobre la calle Mario Bravo 563, consolidando un hito arquitectónico y espiritual fundamental que delimitó el extremo norte del área de estudio.

La relevancia del hallazgo radica en que tanto las promotoras religiosas como las comerciales debieron sortear severas restricciones legales que las asimilaban a menores de edad antes de la reforma civil de 1926. A través del análisis de fuentes directas como censos, sucesiones y planos de Obras Sanitarias, el estudio logró recuperar casos invisibilizados por la historiografía oficial androcéntrica.

Entre los perfiles comerciales resalta el de María Luisa Castagnino, una inmigrante italiana nacida en 1872. En la década de 1920, Castagnino gestionó de forma activa y condujo la emblemática fonda-hotel “Chanta Cuatro”, situada en la esquina de Anchorena 543 y el Pasaje Carlos Gardel. Los expedientes de reforma de 1925 demuestran que ella misma firmó y tramitó los permisos municipales de esta edificación —que disponía de 26 habitaciones, bar, locales comerciales y una cancha de bochas—, un negocio que los relatos tradicionales siempre habían atribuido en exclusividad a su esposo, Luis Sanguinetti.

Asimismo, la documentación planimétrica de la investigación pone en evidencia el devenir material y comercial de los inmuebles de la esquina de las calles Humahuaca y Gallo. Allí, las hermanas Ana Antonia Braida (nacida en 1885) y Hermenegilda Braida (nacida en 1889) figuran en los registros históricos oficiales como continuadoras y titulares vinculadas a las propiedades de Gallo 507 —una vivienda residencial de planta baja con patio central y local comercial— y de Gallo 513, una edificación posterior que integraba negocio con depósito en entrepiso y vivienda lateral.

La investigación concluye que el paisaje barrial del Abasto no se configuró únicamente a través de las lógicas masculinas del trabajo y el ocio registradas en los relatos canónicos, sino que estuvo determinado por la determinación de religiosas, benefactoras y emprendedoras, cuyas obras monumentales y establecimientos cotidianos definieron las bases materiales y culturales del entorno urbano actual.

J.C.

Foto: Revista El Abasto