
A partir del 1° de agosto dejará de existir el programa Volver al Trabajo, una política que durante años acompañó a trabajadores sociales que desarrollaban tareas en algunos de los sectores más vulnerables de nuestra sociedad.
El programa, como tantas otras herramientas del Estado, estuvo atravesado por debates sobre su funcionamiento, su alcance y la necesidad de revisar las políticas de asistencia. Es razonable que los gobiernos evalúen permanentemente la eficiencia y el destino de los recursos públicos. Pero también es necesario mirar qué había detrás de esa partida presupuestaria: personas que todos los días ingresaban a comedores comunitarios, barrios con necesidades extremas y espacios donde la contención social resulta indispensable.
El problema es que ese acompañamiento económico quedó detenido en el tiempo. Durante más de dos años, la contraprestación permaneció en 78 mil pesos, una cifra que perdió todo sentido frente al aumento del costo de vida y que terminó convirtiéndose más en un símbolo del abandono que en una verdadera herramienta de reconocimiento al trabajo realizado.
La discusión no debería limitarse únicamente a si un programa debe continuar o desaparecer. La pregunta más profunda es qué hacemos como sociedad con quienes sostienen la tarea silenciosa de acompañar a quienes más necesitan ayuda. Porque detrás de cada comedor, cada espacio comunitario y cada situación de vulnerabilidad hay una realidad concreta que no desaparece con el cierre de una política pública.
El título “No nos verás volver” puede interpretarse de muchas maneras. Puede ser la despedida de un programa que no logró adaptarse a los nuevos tiempos, pero también puede ser la advertencia de que, cuando se elimina una herramienta de asistencia, debe existir otra respuesta capaz de ocupar ese lugar.
La Argentina necesita discutir cómo construir políticas sociales más eficientes, transparentes y sostenibles. Pero esa discusión no puede perder de vista a las personas que están en el territorio, ni convertir los números en una excusa para olvidar las historias que hay detrás.
El desafío ahora será que el final de Volver no signifique simplemente el cierre de una etapa, sino la oportunidad de pensar un nuevo modelo de acompañamiento social que combine responsabilidad en el uso de los recursos con sensibilidad frente a quienes más lo necesitan.
Eduardo Scofu
Planes sociales en los últimas décadas de la Argentina (Infobae):

