Un trabajo colectivo del Grupo de Memoria de la Mesa de Trabajo y Consenso del Parque Avellaneda permitió descubrir y volver a nombrar a 31 vecinos detenidos-desaparecidos durante la última dictadura, recuperando sus historias y sus huellas, en el mismo barrio donde alguna vez fueron felices.
Cuando una semilla cae en buena tierra, da frutos que se multiplican. Algo de eso ocurrió con la propuesta “Votar con memoria”, impulsada por distintos organismos de derechos humanos en las elecciones del año pasado. La iniciativa consistía en que organizaciones sociales de los barrios de la Ciudad de Buenos Aires cruzaran la información del RUVTE (Registro Único de Víctimas del Terrorismo de Estado) con los padrones electorales.
Por el Decreto 935/2010, firmado por Cristina Fernández de Kirchner, se ordenó incorporar a los desaparecidos por la dictadura (1976-1983) al padrón electoral, identificándolos con un sombreado especial y la leyenda: “Elector ausente por desaparición forzada”. Esta política de memoria abrió una puerta para dar un paso más: volver visibles esas ausencias en los propios lugares de votación.
La propuesta era sencilla y profunda a la vez. Una vez identificados los nombres en los padrones, se debía confeccionar un volante con su imagen y su historia para colocarlo a la vista de quienes participaran de las elecciones en esas mismas mesas donde figuraban sus nombres.
La iniciativa llegó a uno de los integrantes del Grupo de Memoria de la Mesa de Trabajo y Consenso del Parque Avellaneda, y casi de inmediato se convocó a una reunión para llevarla adelante. Fue un impulso colectivo, todavía sin dimensión del camino que se abría.
Ese día nos reunimos doce integrantes del grupo y comenzamos a repartir tareas. Algunos buscarían los nombres en los padrones de los lugares de votación del barrio; otros, una vez identificados, ingresarían al RUVTE para encontrar la ficha de cada compañero.
Lo que parecía un procedimiento casi mecánico —repetir una búsqueda, completar datos, diseñar un volante— se transformó rápidamente en otra cosa: un acto de memoria cargado de emoción, que todavía hoy nos conmueve.
Desde el primer nombre, y con la lectura de cada ficha —que incluye algunos datos sobre las condiciones de la desaparición— empezaron a aparecer historias que habían ocurrido en los mismos lugares que transitamos todos los días. Historias que, sin embargo, hasta ahora permanecían ocultas para muchos de nosotros.
—A este compañero se lo llevaron a la vuelta de mi casa… y ni mis viejos ni mis vecinos hablaron nunca del tema.
—A este se lo llevaron frente a mi escuela secundaria. Una noche en la que, al día siguiente, seguramente fuimos a clase con total normalidad.
—En la esquina de Dellepiane y Perito Moreno asesinaron a cinco compañeros… ¿Cómo puede ser? —dijo uno, sorprendido—. Es un lugar de mucho tránsito.
Y otro respondió:
—Pero eso fue después de que los militares hicieron la autopista. Antes ese lugar era un baldío… y más atrás estaba la quema.
Los nombres seguían apareciendo.
—En la parroquia Nuestra Señora de los Remedios siempre se hablaba de la pareja de Mabel Maroni y Carlos Rincón. Ella tenía que votar acá… A su hermano, Juan Patricio Maroni, también se lo llevaron, él era alfabetizador en la Villa Cildáñez.
– ¿Mabel y Juan Maroni no son los hijos de Enriqueta Maroni, la que fue presidenta de Madres de Plaza de Mayo? —preguntó uno.
Otro buscó rápidamente en internet, confirmó que sí y tomamos dimensión de la terrible historia de esa madre y de su lucha.
También encontramos la historia de un maestro de taller y dos alumnos de la Escuela Técnica Nº 17 Cornelio Saavedra, que no votaban en el barrio, pero aparecen mencionados en un libro de memoria del barrio de Liniers.
Cada descubrimiento nos llevaba al silencio. A mirarnos. A emocionarnos. A comprender que lo que estábamos iniciando no terminaba en la tarea que nos habían propuesto. Había nacido una responsabilidad nueva: encontrar la forma de volver a entrelazar esas historias con un territorio concreto, nuestro barrio.
Ese mismo día surgió la primera idea: hacer un mapa. Empezamos a marcar los lugares de votación donde aparecían las víctimas y también los sitios donde habían ocurrido secuestros, desapariciones o asesinatos.
De ese mapa nació otra propuesta: realizar la primera caminata por la memoria del barrio, el día previo a las elecciones, convocando a vecinos y organizaciones a recorrer juntos esas huellas.
Luego llevamos las imágenes que habíamos confeccionado a la Sala de la Memoria de la Casona de los Olivera, en el Parque Avellaneda. Y comenzamos a preparar una pancarta para llevar a los 31 compañeros detenidos-desaparecidos vinculados al barrio que descubrimos hasta ahora a la Marcha Orletti–Olimpo, que se realiza todos los años el viernes previo a la gran movilización del 24 de marzo.
Este año será el viernes 20 de marzo. Ese día, por primera vez, volverán a recorrer las calles de un territorio común. Un barrio que no los olvida. Un barrio que sigue reclamando justicia. Un barrio que hace memoria para gritar bien fuerte Nunca Más y para recordar que en ese camino también se juega nuestro futuro.
La propuesta-semilla de “Votar con memoria” ya empezó a multiplicarse. Es el compromiso que asumimos quienes iniciamos este recorrido —y también quienes se van sumando— para que, en cada barrio, en cada esquina y en cada rincón de la patria sigan floreciendo pañuelos de memoria, verdad y justicia.
Fabio Oliva
