
Es de público conocimiento que hay plantas que sanan, llamadas plantas medicinales. De hecho, casi todos los medicamentos que se consumen se han venido basando en lo que el reino vegetal tan generosamente nos ha brindado. Los fitofármacos son medicamentos cuyos principios activos provienen exclusivamente de plantas. Mientras otros remedios han reproducido las fórmulas químicamente.
El consumo de las plantas medicinales puede ser de diferentes modos. De hecho ya somos muchos los que le agregamos algún yuyo al mate o en infusiones. Hay plantas que requieren cocciones más largas para que los principios activos realmente ingresen al agua.
A continuación presentamos las diferentes maneras de consumir las plantas vegetales. El primer modo que me viene en mente es la infusión: Es la forma de preparación más frecuente y consiste en poner en contacto las partes blandas (hojas, flores) de las plantas con agua hirviendo, o muy caliente, por unos minutos. Por lo general se bebe. Otro modo parecido es la cocción que implica hacer hervir la planta durante unos minutos y luego se filtra. Esta forma de usarse es apropiada en general para las partes duras de la planta: troncos, raíces, cortezas y semilla.
La planta también te da la posibilidad de realizar un jugo o licuado. En algunos casos, sobre todo para tubérculos o raíces se recomienda ponerlos en remojo previamente (unas diez horas).
Las plantas medicinales se pueden también comer directamente en una ensalada, de tal modo se ingirieren las hierbas medicinales sin ninguna modificación ni proceso. Claro que hay que lavar y desinfectar las partes de la planta que se piensa ingerir, y se prepara como una ensalada común, mezclándola con otros vegetales, sazonándolo a su gusto. Sino se podría obtener un polvo triturando la planta seca. Se suele retriturando y tamizar varias veces, hasta alcanzar el tamaño deseado de las partículas. Los polvos vegetales se pueden encapsular o mezclar en líquidos o alimentos.
Hay modos de concentrar lo beneficioso de la planta. Para lo cual se pueden hacer jarabes que se preparan extrayendo con agua los componentes activos o medicinales de la planta y disolviendo luego en esta una gran cantidad de azúcar o miel como preservante. Se suele hacer como la infusión y luego se deja reposar algunas horas, se filtra y se agrega el azúcar o la miel y se lleva a hervir algunos minutos para coagular, luego se cuela y se guarda en botella o frasco oscuro -hasta 30 días- en lugar protegido del calor y la luz. O sino también se realizan tinturas madre las cuales se obtienen dejando en contacto la parte de la planta seca a utilizar, con una mezcla de alcohol en agua durante días, con agitación diaria y filtración.
Las plantas se pueden usar de modo externo. Por ejemplo, su puede preparar un ungüento machacando la parte de la planta que contiene las propiedades curativas y se aplica directamente sobre el área afectada que se quiere tratar. Hay casos en que se hierve y se mezcla con algo más (como arcilla). Otro modo es con compresa para lo cual, luego de una preparación similar a la del ungüento, en este caso se utiliza una extracción acuosa, aplicada a un paño o toalla. Las compresas pueden ser calientes, como para inflamaciones y abscesos; o frías, como para cefalea o conjuntivitis.
También se puede utilizar el vapor de ciertas plantas al hervirse para afecciones del aparato respiratorio.
Otros modos de emplearlos, que van más allá de comerlos, beberlos en una infusión o colocarlos en la piel son enjuagues, lavados . El primero implica hacer buches o gárgaras para limpiarse de secreciones, bacterias e impurezas en boca o garganta. El líquido puede ser infusión, una cocción o un jugo. Los lavados –pueden usar las infusiones, cocciones o tinturas diluidas- para tratar tópicamente afecciones externas localizadas en la piel o mucosas para, por ejemplo, heridas, llagas, úlceras, hemorroides. Recuerde consultar con profesionales que se dedican a esto.
