
La icónica iglesia de Santa Felicitas, en el barrio de Barracas, celebra sus 150 años como monumento histórico nacional y desafía por primera vez una costumbre arraigada desde su inauguración en el siglo XIX. Ubicada frente a la Plaza Colombia, este templo porteño guarda relatos de pasión, tragedia y fe que siguen cautivando a vecinos y visitantes.
Erigida por los padres de Felicitas Guerrero de Alzaga, una de las damas más admiradas de la élite bonaerense por su belleza, la parroquia honra a la joven asesinada en 1872 por un enamorado rechazado, el coronel Enrique Ocampo. La familia, devastada, decidió construir este santuario en memoria de su hija, convirtiéndolo en un emblema de duelo eterno.
Al ingresar, dos imponentes esculturas de mármol de Carrara capturan esa historia dolorosa, flanqueando la entrada principal. Pero Santa Felicitas trasciende el mito romántico: ha sido escenario de bodas, bautismos y misas durante generaciones, consolidándose como pilar espiritual del sur porteño.
La Plaza Colombia, epicentro de Barracas, reemplazó en los años 30 la opulenta quinta de la familia De Alzaga, capturada en antiguas fotografías junto al templo. Hoy, sus jardines albergan la primera gruta de la Virgen de Lourdes erigida en Argentina, datada en 1898 —anterior incluso a la de Santos Lugares— y meta de peregrinaciones devotas.
Entre sus reliquias destacan vitrales importados de Europa, altares tallados en madera noble y una campana original que aún resuena en las celebraciones. Curiosamente, la primera boda registrada en Santa Felicitas unió a una novia local con un oficial militar, inaugurando una tradición de uniones que perduró hasta este aniversario, cuando se rompe la regla implícita de no realizar casamientos en fechas conmemorativas para priorizar actos litúrgicos.
El padre Carlos Peteira, actual rector, custodia estos patrimonios con dedicación. Capellán del Hospital Pedro de Elizalde (ex Casa Cuna), divide su tiempo entre el templo y labores pastorales, tras ocho años de misión en Cuba hasta su retorno en 2022. “Este lugar cuenta innumerables historias de fe y resiliencia”, comparte Peteira mientras recorre los jardines en una tarde veraniega.
Los actos centrales se desarrollarán el viernes 30 de enero a las 19 horas, con una misa solemne oficiada por el vicario Alejandro Giorgi. Peteira coordina encuentros con autoridades, embajadores y expertos para recaudar fondos destinados a restauraciones urgentes, vitales para mantener su estatus de monumento histórico nacional desde 2012.
En un Barracas en transformación —con obras viales en avenidas cercas y un auge cultural—, Santa Felicitas reafirma su rol como joya arquitectónica y espiritual. Eventos como “aniversario iglesia Santa Felicitas” o “historia Barracas Buenos Aires” impulsan búsquedas en Google, atrayendo turismo histórico.
Vecinos del sur porteño ven en este hito una oportunidad para rescatar memorias barriales. “Es más que una iglesia; es el alma de Barracas”, opina un feligrés habitual. La Ciudad Autónoma de Buenos Aires suma así otro capítulo a su rico acervo patrimonial.
