Dados en mano: un club de barrio sobre la mesa

Dados en mano: un club de barrio sobre la mesa

Donde antes rugían motores, hoy suena el requipe de los dados. El lugar que estaba lleno de tuercas, tornillos y herramientas hoy luce cartas, tableros y mapas de mundos fantásticos. Dados En Mano (Billinghurst 818) es una tienda de la zona del Abasto que se especializa en juegos de mesa y de rol. También es una cafetería y ludoteca. Para muchos se volvió el lugar de encuentro, el espacio en que una partida o un torneo se transforman en tardes llenas de entretenimiento y risas.
El proyecto que cambió mamelucos por capas, espadas y varitas mágicas está encabezado por Nicolás, docente de francés en escuelas públicas de la Ciudad de Buenos Aires, y su socio, quienes convirtieron un pasatiempo personal en una pasión compartida, en un lugar de pertenencia. Como un club de barrio, con las puertas abiertas y las ideas siempre en movimiento.

Un proyecto que nació “por amor al arte”
“Nunca hubo una idea de abrir un negocio”, cuenta Nicolás y agrega: “Yo ya tenía mi trabajo estable como docente. Todo empezó por mi amor a los dados de rol”.
Cuando comenzó a jugar juegos de rol descubrió que en Argentina los dados eran escasos y caros. La solución fue traerlos del exterior, pero para eso tenía que traerlos en lotes inmensos. Para recuperar parte del gasto, empezó a vender los que no quería a través de grupos de Facebook.
“La gente me los sacaba de las manos”, recuerda. Ese pequeño circuito de ventas entre aficionados fue creciendo gracias al boca en boca. Así, alrededor de 2017 nació la marca, inicialmente enfocada en dados y accesorios como estuches y bolsitas.

De los dados a los juegos de mesa
El emprendimiento se amplió con el tiempo y la experiencia. Primero, llegaron los juegos de mesa modernos —los llamados Eurogames o party games— y, más tarde, una tienda online y un pequeño showroom con cita previa en un departamento del barrio de Palermo.
La pandemia fue crucial en este proceso. Mientras los juegos de rol perdían fuerza debido al aislamiento, los juegos de mesa ganaron terreno en los hogares: “Como las familias estaban todas juntas en casa, empezaron a pedir más juegos de mesa. Entonces aceleramos ese proceso”.

Un local construido paso a paso
Hace poco más de dos años el proyecto dio un nuevo salto: abrir un local a la calle. Allí la dupla de socios arribó a Billinghurst, esquina Lavalle, en la zona del Abasto, cerca del corredor gastronómico y cultural de Guardia Vieja.
El lugar, sin embargo, distaba mucho de estar listo para recibir jugadores. El espacio había sido un taller mecánico, por lo que no tenía vidriera y, aparte, en el medio del piso había una fosa para reparar autos.
“Tuvimos que reacondicionarlo todo”, cuenta Nicolás. “Pintar mesas y sillas, rehacer la electricidad, armar la vidriera. Muchos amigos nos ayudaron porque no teníamos un capital inicial grande”, evoca.
El crecimiento, dice, siempre fue a base de reinvertir lo que se iba ganando.

Un espacio pensado para jugar
En el frente del local hay algunas calcomanías fierreras que dan cuenta de aquellos años de motores encendidos. No obstante, ingresar es una experiencia en sí misma: la vista se pierde entre los colores y diseños de los juegos, las formas de los dados y tantos otros elementos. La curiosidad aflora ante tanta variedad de propuestas.
Uno de los lugares destacados es la zona de mesas, unas 20 para disputar partidas largas. Allí funciona una ludoteca con numerosos juegos abiertos para que los visitantes puedan probarlos.
El diseño responde a una idea simple: crear el espacio que a él mismo le gustaría encontrar como jugador.
“Preferimos mesas grandes y cómodas antes que poner muchas juntas”, explica Nicolás. “La idea es que, si vas a pasar varias horas jugando, estés bien”.
Además de los juegos, el local ofrece bebidas y algo para comer mientras se desarrollan las partidas.

Juegos, rol y nuevos vínculos
El público principal suele tener entre 18 y 40 años. Muchos llegan con su propio grupo de amigos, pero también hay quienes se acercan solos.
En esos casos, el equipo del local suele integrarlos a mesas de rol o a partidas en curso. Incluso organizan encuentros con directores de juego que guían las campañas.
Dados en mano es un espacio para jugar y, a la vez, generar vínculos. “A veces alguien viene solo y termina conociendo gente con los mismos gustos”, señala Nicolás. “Eso es algo muy lindo que pasa acá”.

Un negocio difícil de encasillar
Al principio, la propuesta generaba confusión entre los vecinos del Abasto y alrededores, pese a que existen varios locales especializados en la zona (ver edición gráfica de febrero de 2024). No era una juguetería tradicional ni una cafetería con mozos y picadas.
Con el tiempo, Dados en mano y el Abasto entraron en sinergia. “Nos sentimos muy bien recibidos”, destacan. El emprendimiento, cuentan, mantiene buena relación con los comercios linderos y no se generan ruidos ni molestias.
Incluso, sumó un pequeño personaje a la vida cotidiana de la cuadra: un gato del barrio llamado Senti, cuya “custodia compartida” mantienen con un carnicero. “Está mucho tiempo visitándonos”, cuentan sobre el felino aventurero.

Una experiencia distinta en el barrio
Hoy el espacio recibe jugadores casi todos los días de la semana. Los fines de semana suelen ser los momentos de mayor concurrencia, por lo que recomiendan reservar mesa con anticipación.
Además de vender juegos, el lugar busca apoyar a diseñadores argentinos, ofreciendo mesas para probar prototipos y nuevos títulos.
Como un club de barrio, ese comercio del Abasto se destaca por su propuesta vinculada al encuentro y el disfrute compartido. “Es un espacio para divertirse, desconectarse un rato y compartir con otros”, resume Nicolás. “Eso es lo que siempre quisimos lograr”.

J.M.C.