
El Mercado San Cristóbal, considerado el más antiguo de la Ciudad de Buenos Aires (1882), atraviesa un presente marcado por el conflicto interno, la paralización de su actividad y la incertidumbre generada por el proyecto oficial que prevé su expropiación para construir una estación de la futura Línea F de subte.
Ubicado en la esquina de Independencia y Entre Ríos, el edificio icónico mantiene hoy una actividad parcial. Solo funcionan los locales que dan a la calle, mientras que las naves internas permanecen cerradas desde hace años. Las persianas bajas en los accesos principales reflejan una situación que, según comerciantes y propietarios, se arrastra desde la pandemia.
En ese contexto, a mediados de marzo un grupo de puesteros visibilizó su reclamo colgando banderas sobre la fachada del mercado. Allí expresaron su rechazo al proyecto de expropiación impulsado por el Poder Ejecutivo porteño y reclamaron la reapertura de los espacios interiores. “Apertura ya” y consignas en defensa del mercado formaron parte de la protesta.
Según testimonios recogidos entre los trabajadores, el conflicto se remonta a una serie de disputas por la administración del predio durante la pandemia. Algunos propietarios denuncian la existencia de una “administración paralela” que habría derivado en situaciones de tensión, presuntas irregularidades y, finalmente, en la clausura de sectores completos del edificio. Aseguran que esas clausuras nunca se levantaron, lo que impidió retomar la actividad normal.
“Hace tres años que no podemos abrir. Perdimos clientes, ingresos y estabilidad”, expresó una comerciante histórica del lugar. Otros puesteros señalan que la situación derivó en una parálisis total del mercado, afectando a decenas de familias que dependían de esos ingresos.
El conflicto también tiene derivaciones judiciales. Representantes legales de propietarios sostienen que hubo intentos de denunciar irregularidades en la gestión del predio, aunque aseguran que no se logró una resolución que permita normalizar la situación. Al mismo tiempo, existen versiones contrapuestas entre los propios involucrados, que dan cuenta de disputas internas y denuncias cruzadas entre comerciantes.
En paralelo a esta situación, el futuro del mercado quedó atravesado por el avance del proyecto de la Línea F de subte. El Gobierno porteño envió a la Legislatura dos iniciativas que, entre otros puntos, contemplan la expropiación del inmueble de Entre Ríos 752, donde se emplaza el mercado, para construir la estación “Chile”.
De acuerdo con la documentación oficial, la propuesta no solo incluye la instalación de la estación dentro del edificio, sino también una puesta en valor integral del mercado. El diseño prevé un acceso principal en el interior del predio, un vestíbulo de múltiples niveles y la incorporación de nuevos usos culturales, como la posible relocalización del Museo del Cine.
La Línea F, con una extensión proyectada de 9,8 kilómetros y 12 estaciones, conectará Barracas con Palermo y atravesará la Comuna 3 con paradas en Cochabamba, Chile, Congreso y Corrientes. Su construcción implicará una serie de intervenciones urbanas, incluyendo expropiaciones en distintos puntos de Balvanera y San Cristóbal.
Para los comerciantes del mercado, el proyecto genera preocupación. Algunos lo interpretan como una oportunidad de recuperación del edificio, mientras que otros lo ven como una amenaza a sus derechos de propiedad y a la continuidad de la actividad. “De acá me van a sacar muerta”, expresó una puestera en rechazo a la posible expropiación.
En este escenario, un grupo de trabajadores mantiene presencia regular en el interior del predio, pese al cierre, con el objetivo de resguardar los espacios y sostener el reclamo. La postal cotidiana combina locales abiertos hacia la calle, sectores internos vacíos y un edificio cargado de historia en medio de una disputa abierta.
El Mercado San Cristóbal, que durante décadas se caracterizó por su oferta variada y precios populares, enfrenta hoy un proceso complejo donde se cruzan intereses urbanos, conflictos administrativos y la necesidad de preservar una identidad barrial. Mientras avanzan los proyectos oficiales y continúan las discusiones judiciales, su futuro permanece incierto.
J.M.C.


