
Algunos me han dicho que les llama la atención que mis editoriales ya no son confrontativas como antes. Y es verdad que ya no confronto del mismo modo que antes.
Reconozco que estamos viviendo un momento de cambios bruscos en nuestra historia con posibles desenlaces distópicos o utópicos. ¿Qué futuro decidimos realmente alimentar?
Me parece que si le damos protagonismo a las mentiras, estafas y corrupciones de quienes ostenten poder político solo lograremos enojo, bronca, descontento… y separación con quien piense distinto. Encima bajaríamos nuestra vibración y la de quienes nos acompañan. Si hoy ya basta con ojear cualquier cosa diario, red, TV… ya sabemos, más o menos lo que sucede. ¿Qué sumaría realmente mi opinión en todo esto? Cada cual debe en definitiva hacerse cargo por sí mismo. Y en el cuarto oscuro decidirá por sí mismo a quién le pone su voto.
Deberíamos también entender que detrás de los candidatos hay otros que mueven los hilos con presión o dinero. Y éstos titiriteros apuestan por candidatos de todo el espectro político.
¿Cómo dominan? La presión la pueden ejercer mediante los secretos, un caso emblemático es el de la Isla de Epstein. Otro modo muy usual es tentar con dinero, solamente gente con mucha integridad y convencimiento logran resistirse. Y la tercera opción es más brusca, irán desde amenazas hasta golpes de estado, destituciones, lawfare, cárcel, invasiones, etcétera. Del único modo en que algún político pueda salir de ese molde sería con un inmenso apoyo popular. Y así y todo habrá quienes critiquen.
Y en este contexto, ¿de qué nos sirve quejarnos si luego en nuestra vida cotidiana vamos a reproducir exactamente lo mismo que criticamos apenas tenemos posibilidad? En otras palabras, si tuviésemos la oportunidad de gobernar, ¿nos dejaríamos “comprar” y meteríamos a familia y amigos en puestos de poder, aunque no sean expertos? ¿O seríamos impolutos, justos e íntegros?
De más está decir que si para nuestro yo interno aceptamos la primera opción, entonces, en lugar de quejarnos lo que hay se llama envidia y la queja ahí no tiene sentido. Y en cambio, si optamos por la segunda opción y somos realmente personas que buscamos hacer el bien, entonces, en lugar de mirar demasiado hacia otro lado, trabajemos en nosotros mismos ahora. ¡Mejoremos en todos los sentidos posibles!
Porque sumando buenas acciones éstas se terminan multiplicando y así mejoraríamos nuestras propias vidas, la de nuestra familia, el barrio, la ciudad, el país, nuestra América y este mundo apuntando a que algún día sea mucho mejor vivir en la tierra. Porque depende más de nosotros que de ellos que solo deberían amplificar nuestra idiosincrasia.
Rafael Sabini

