Un fuerte cruce político y social se desató en las últimas horas tras las declaraciones del jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, quien cuestionó abiertamente el rol de la Iglesia y de diversas organizaciones eclesiásticas que brindan asistencia a las personas en situación de calle. Durante una entrevista, el mandatario de la Ciudad de Buenos Aires encendió la polémica al afirmar que la lógica de otorgar viandas y mantas en la vía pública no resuelve el problema de fondo. Macri aseguró que mantiene marcadas diferencias con el arco religioso debido a este tipo de acciones, argumentando que dar comida y abrigo “puertas afuera” porque nunca meten a la gente en los templos, solo provoca que asistan más personas y que se vuelvan cada vez más dependientes de esa ayuda.
La respuesta desde los sectores eclesiásticos no tardó en llegar y lo hizo con dureza. El arzobispo de La Plata y presidente de Cáritas Argentina, Monseñor Gustavo Carrara, salió al cruce del mandatario porteño y atribuyó sus polémicas afirmaciones al “desconocimiento” de la realidad territorial. Al ser consultado de forma categórica sobre si la Iglesia debe o no asistir a quienes se acercan desesperados a las parroquias, el máximo representante de la Arquidiócesis platense fue contundente al señalar que cuando hay que dar de comer, hay que dar de comer, evidentemente, sin dilaciones ni debates teóricos.
Lejos de quedarse en una defensa discursiva, Carrara rebatió el argumento municipal con datos estructurales sobre el funcionamiento de la entidad que preside. El prelado aclaró que la institución no se limita a una asistencia improvisada en la vereda, sino que ofrece una red de contención edilicia muy concreta. En ese sentido, detalló que Cáritas cuenta en Buenos Aires con al menos 400 plazas de alojamiento para varones y otras 50 destinadas a mujeres, a las que se suman los Hogares de Cristo y diversos centros barriales que funcionan operativamente como casas comunitarias para albergar a quienes lo necesitan.
Para el titular de Cáritas, la mirada estatal sobre la indigencia y la marginalidad no puede abordarse desde un enfoque punitivista o desde el deslinde de responsabilidades institucionales. En su análisis de la compleja crisis social actual, el arzobispo advirtió sobre el deterioro de las condiciones de vida y recordó que hoy en día existen incluso trabajadores formales que se encuentran bajo la línea de pobreza. En este escenario crítico, Carrara hizo un ferviente llamado a recuperar la empatía colectiva y a evitar los juicios de valor hacia aquellos que terminan desamparados en la vía pública.
Finalmente, el referente religioso apeló a una profunda reflexión humana, evocando las palabras del Papa Francisco sobre el misterio y la vulnerabilidad de las realidades individuales. Subrayó que detrás de cada persona que duerme a la intemperie existe una historia cargada de dolor, sufrimiento y padecimientos que merece ser tratada con absoluto respeto para no perder la humanidad en el camino. De esta manera, el debate quedó planteado en la agenda pública: mientras la gestión porteña apunta a revisar el impacto de la asistencia callejera, la Iglesia sostiene que la verdadera discusión no debería centrarse en si se les da o no un plato de comida, sino en cómo articular un trabajo en conjunto para erradicar definitivamente la exclusión social.
