
La disputa de la semifinal del Mundial entre Argentina e Inglaterra transformó por completo la fisonomía del Abasto durante el primer tiempo del encuentro. Las calles del barrio ofrecieron una imagen poco habitual: el tránsito fue mínimo y la circulación de peatones se redujo al mínimo, en un escenario que incluso se percibía más desierto que un feriado.
Los colectivos atravesaban las avenidas con apenas dos o tres pasajeros en su interior. También se observaban algunas motos de reparto y unos pocos autos particulares, mientras que la mayoría de quienes permanecían en la vía pública parecían dirigirse rápidamente hacia algún lugar donde seguir el partido.
Aunque la actividad comercial no se detuvo por completo, la mayoría de los negocios a la calle permanecieron abiertos durante el primer tiempo. Carnicerías, verdulerías, ferreterías y otros comercios de cercanía atendían con normalidad, aunque con escaso movimiento de clientes debido a la semifinal.
En contraste, algunos rubros puntuales, como locales de belleza —entre ellos varios dedicados al nail art— y algunas librerías optaron por bajar sus persianas durante el partido.
En muchos comercios donde había televisores encendidos, la escena se repetía: vecinos y transeúntes se detenían frente a las vidrieras para seguir durante unos minutos las incidencias del encuentro antes de continuar su camino. Empleados y clientes también aprovechaban las pantallas instaladas en los locales para no perderse ninguna jugada.
El contraste se encontraba puertas adentro de los bares. Los locales gastronómicos lucían colmados de clientes, decorados con globos y banderines celestes y blancos. No quedaban mesas libres y predominaba un llamativo silencio: nadie hablaba, todos seguían atentamente las alternativas del encuentro a través de los televisores.
En las puertas de los bares se repetía otra postal característica: numerosos clientes salían durante algunos minutos para fumar mientras seguían de reojo el desarrollo del partido o comentaban alguna jugada antes de volver a ingresar. También resultaba llamativa la cantidad de personas que paseaban a sus perros por las veredas casi vacías, una escena que daba la impresión de ser, más que un paseo habitual, una forma de aliviar la ansiedad y los nervios que generaba el encuentro.
Una escena similar se vivió en el Shopping Abasto. En el segundo piso, el patio de comidas se convirtió en el principal punto de reunión gracias a la denominada “Zona de Ilusión”, donde miles de personas ocuparon las mesas y también los espacios para sentarse frente a la pantalla gigante. El acceso desde la Plaza del Zorzal, a través de las escaleras mecánicas, mostraba un incesante movimiento de hinchas que subían para sumarse a la transmisión.
En cambio, el resto del centro comercial permanecía semivacío. Los pasillos presentaban escasa circulación y la mayor parte de las personas eran empleados de los locales o visitantes que seguían el partido en las pantallas instaladas en distintos comercios fuera del sector gastronómico.
Sobre la escalera ubicada en la calle Agüero se observaban apenas algunos adolescentes fumando y repartidores aguardando junto a sus motos. La imagen general era la de un barrio paralizado por el fútbol. Sin embargo, al levantar la vista hacia los edificios aparecía otro contraste: numerosos balcones exhibían banderas argentinas y vecinos que seguían el encuentro desde sus hogares.
En la previa del partido también hubo lugar para un gesto cargado de simbolismo. En la esquina de Bustamante y Díaz Vélez, donde en 2022 vecinos realizaron un mural en homenaje a los caídos en la Guerra de Malvinas e instalaron una placa conmemorativa, fue colocada una bandera argentina con las Islas Malvinas sobre un mástil, en un punto que volvió a convertirse en referencia para quienes transitaban por el barrio antes del inicio de la semifinal.
J.C.
Foto: Revista El Abasto
