El Salón Montevideo de la Legislatura porteña se transformó el pasado 12 de junio en el escenario de un cálido y profundo abrazo a la memoria colectiva y a las conquistas históricas del movimiento LGBTINB+.
Redacción ParqueChasweb
En una tarde colmada de sensibilidad y homenajes que estuvo lejos de ser un mero acto protocolar, se presentó El sendero oculto, la autobiografía de Norma Castillo, pionera del primer matrimonio igualitario entre lesbianas de América Latina. El encuentro, organizado por el Parlamento de las Mujeres, Géneros y Diversidad de la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires y acompañado por el Frente Orgullo y Lucha, contó con la presencia de la autora y protagonista de la jornada, rodeada por referentes, activistas y funcionarias que celebraron su testimonio de amor y resistencia.
Antes de convertirse en un símbolo de los derechos humanos al casarse en abril de 2010 —meses antes de la histórica sanción de la Ley de Matrimonio Igualitario—, Norma y su compañera de vida, Ramona «Cachita» Arévalo, debieron transitar caminos de profunda adversidad. Aquella boda fue posible gracias a una resolución judicial pionera obtenida a partir de un recurso de amparo impulsado por la organización 100% Diversidad y Derechos, el cual debió resistir embates conservadores cuando la jueza civil nacional Martha Gómez Alsina intentó declarar la nulidad del enlace, una medida que fue finalmente anulada por la propia jueza porteña Elena Liberatori para defender la autonomía de la justicia local y la dignidad de las contrayentes. «El sendero oculto» es un viaje íntimo hacia el corazón de esa historia, rescatando el dolor de la persecución política durante la última dictadura cívico-militar-eclesiástica y el desarraigo de un exilio que las llevó por Bolivia y Ecuador hasta instalarse en Barranquilla, Colombia, donde respondieron a la oscuridad construyendo un espacio de encuentro, deseo y compromiso capaz de tejer comunidad. Hacer realidad este libro fue un acto de amor colectivo logrado gracias a una apasionada campaña de preventa.
Durante el encuentro, las referentas lesbianas del Frente Orgullo y Lucha —con activistas de la CHA, SIGLA, 100% Diversidad y Derechos, AFDA, Conurbanes por la Diversidad, Mala Junta-Soberana y Marea-Feminismo Popular y Disidente—, en representación de las nuevas y viejas generaciones, le entregaron a Norma una planta como símbolo de la vida y la memoria que florece, mientras se anunciaba la presentación del proyecto de declaración de interés del libro, bajo el marco musical de la cantante Patricia Malanca.
La primera en hablar fue Delfina Velázquez, presidenta de la Comisión de Mujeres, Géneros y Diversidad de la Legislatura, tomó la palabra para aportar su mirada sobre la dimensión humana y colectiva de la homenajeada, señalando: «Me gustaría remarcar la militancia de Norma que tiene que ver con los derechos de las mujeres y de las diversidades, que además es tu militancia por el amor, tu militancia con tu historia, con tu propia historia de amor con Cachita. Me parece que siempre es muy lindo cuando fluye un proyecto político que además es un proyecto de vida. Creo que cuando confluyen esas dos cosas, de eso se trata la militancia que construye cosas grandes y construye cosas que perduran. Y también tu militancia como militante cooperativista y por el trabajo, por la construcción de comunidad, del trabajo en comunidad y de la construcción de la vivienda digna para otras mujeres. Me parece que no es casual que eso lo hayas hecho con otras mujeres, que hayan podido construir eso; me parece que es enorme, es muy importante y que es también algo que hay que poder remarcarlo. No solamente la militancia por una, sino eso que vos conseguiste, que tiene que ver con el trabajo y con una vivienda digna. Me parece que tiene que ir de la mano y que hay que pensarlo. Y bueno, me parece también, en estas mil vidas de Norma, que puedan estar reflejadas en ese libro me parece que es muy lindo y que es muy importante».

A continuación, Laura Velasco, presidenta del Parlamento de las Mujeres, Géneros y Diversidad, señaló: «Bueno, qué emoción, ¿no? Podemos llorar, además de reírnos, además de cantar, además de bailar, y estamos realmente muy felices. Por supuesto que comparto cada una de las palabras que decía recién Delfina. Y cómo hace poquitos días estuvimos con ella frente a Tribunales acompañando el juicio, junto con tantas organizaciones, por justicia para el triple lesbicidio de Barracas, hoy también estamos acá porque es parte de esa misma lucha reivindicar historias de vida tan valiosas, tan inspiradoras, como la de Norma Castillo. Yo les voy a contar algo. Hace prácticamente un año, debe haber sido, me llaman compañeras de esta mesa y nos cuentan de toda esta historia, decimos: «Sí, claro, tenemos que lograr publicar ese libro de Norma». Y ahí empezamos a conversar, por una parte, con las compañeras; compañeras de nuestra comisión directiva del Parlamento de las Mujeres, Géneros y Diversidad, del Parlamento con las organizaciones del Parlamento en su conjunto. Una de las facultades de esta Legislatura porteña es presentar un proyecto de declaración de interés de El sendero oculto – Autobiografía de Norma Castillo. Pero también queremos anunciar que el proyecto de declaración de interés es presentado por el Parlamento y, bueno, será votado por esta Legislatura, para que también luego tengamos un diploma que reconozca el valor que tiene».
El relato se volvió vívido y cercano cuando Roxana Arellano, presidenta de Organizaciones Populares Hábitat Autogestivo Urbano -CABA (OPHAU), recordó los inicios compartidos en el barrio y las enseñanzas de la pareja al manifestar: «Arrancamos esta amistad y esta militancia con Norma en Parque Chas, porque primero fue una amistad. Mientras yo cosía en la máquina, Norma hablaba. Eran las nueve de la noche, nos fuimos a casa a comer y Norma se fue de casa a las ocho de la mañana del otro día. Norma comenzó a hablarme de esa Argentina, de política, de lo que quería hacer. Salimos a militar, fuimos a las marchas y ella comenzó a hablarme el exilio, esa Norma que fue torturada. ¿Por qué había tenido que dejar su país y cómo lo había dejado? El paso por Bolivia, luego por Ecuador y llegada a Colombia, donde se libera. Y una de las cosas que quiero señalar que siempre dice Norma: nosotras las mujeres no tenemos espacio, los putos es más fácil reconocer a un puto que a una lesbiana, la lesbiana es más duro salir. Y yo les decía: ¿En serio, Normita? Sí, viste, vos vas a ver a los putos, se abrazan, se besan, pero las mujeres no, y más viejas, imaginate una señora. Eran dos personas mayores y así también se hizo el primer centro de jubilados, “Puertas Abiertas” a la diversidad, porque era para personas mayores. Por eso es que es muy importante para la juventud esto, cuando yo veo la marcha gay, que hay mucha joven, mucho y que se están besando, digo: bésense chicas y las mujeres necesitan salir a besarse, ¿no?, y mucho más mayores. Así que una de las cosas primordiales que tenía Norma, por lo que se luchaba era eso, la visibilidad, no esconderse más. Y una de las cosas que ella ha dejado en este libro, es el legado del amor. No hay nada más fuerte que el amor, el amor de Cachita, Cachita y Norma, el amor que le puso en este libro, el amor en su trayectoria de vida, en todo lo que hizo en la cooperativa de vivienda. En todo. Nosotras tenemos que ser dejar esa baba que deja el caracol como dice Normita. Ella decía: vamos dejando la baba, vamos sembrando para que sea un legado, el legado de Normita en ese libro, tanto en la vivienda, en la cultura y en el matrimonio igualitario. Muchas gracias, Norma, por haberlo hecho».
Posteriormente, Martín Canevaro, presidente de 100% Diversidad y Derechos e integrante del Frente Orgullo y Lucha, reconstruyó los hitos políticos compartidos evocando: «Quiero empezar agradeciéndote por haber escrito este libro, pero sobre todo por haber decidido compartirlo. El sendero oculto no es solamente una autobiografía, es un acto de generosidad, es la decisión de transformar una vida en memoria colectiva. La última vez que nos vimos fue el año pasado, en una fiesta. Se organizó el frente rural en Corrientes y al mismo tiempo empieza en Pocitos, Montevideo, donde nació Cachita. Empieza en esa geografía afectiva hecha de familia, de vecinos, de historias, de infancia, de memoria. Y aquel encuentro fue el comienzo de un largo camino compartido, después vino la lucha por el matrimonio igualitario. Y tuve y tuvimos muchos de quienes estamos acá el honor de compartir con vos y con Cachita algunos de esos momentos históricos. Uno de esos momentos está retratado también en las fotos con Estela de Carlotto y con quien fuera en aquel momento la entonces presidenta de la nación, Cristina Fernández de Kirchner, a quien queremos libre y la emoción de haber compartido, de haber convertido en derecho aquello que durante tantos años había parecido imposible. Fue una de esas experiencias que dejan una enseñanza para toda la vida, que cuando las organizaciones, la militancia y los sueños colectivos se encuentran, las transformaciones son posibles».

El clímax de la jornada se alcanzó con la voz de la propia Norma Castillo, quien conmovió a los presentes con una profunda reflexión existencial sobre el motor de sus luchas al declarar: «Cuando dos personas del mismo sexo se unen y no les importa el castigo, no importa lo que dirán, no importa todo lo que tiene que pasar, sino importa lo que se quiere, lo que se ama, y nosotras empezamos después de estar en Colombia. Cachita y yo nos descubrimos allá y empezamos a tener esa sensación de cambiar, de explicar, de saber, de decir la verdad de lo que uno siente, de no ocultar como si fuera la cosa más abyecta. Después encontrar a la gente, a la gente que nos ayudó, nos encontramos y nos dieron la mano, les dieron la mano a dos viejas. Ya estábamos a salvo de todo, cuando eso estaba, no importaba más nada. Agradezco poder hablar hasta el día de hoy, porque hace mucho tiempo que Cachita no está y yo no puedo vivir sin ella. Estoy haciendo fuerza para poder seguir viviendo sin ella. Estoy tratando de aguantar hasta donde pueda el plazo que da la vida para seguir luchando por los derechos, los derechos que tiene cada persona, el ser humano, de ser, de vivir y de realizarse como tal y de ser feliz. ¿Por qué va a ser tan difícil ser feliz? Si uno sigue el amor, se hace la cosa más fácil del mundo, más sencilla y hermosa que pueda haber, que es el amor entre las personas».
Finalmente, la jueza Elena Liberatori rememoró a ParqueChasweb el momento histórico en el que estampó su firma para habilitar el casamiento legal de la pareja, concluyendo con una fuerte advertencia sobre el presente: «Cuando conocí a Norma y Cachita, me asombré mucho de que fueran unas viejas y no unas chicas jóvenes que ya sabía que el colectivo venía militando y que había entrado ya por el lado de las de la justicia, ¿no? Entonces yo en esos casos siempre iba y personalmente entregaba la decisión por la cual yo habilitaba el casamiento. Y me acuerdo de que me sorprendí y entonces me dio vergüenza. Bueno, yo creí que eran personas jóvenes, militantes y ellas se emocionaron mucho y me dijeron algo que fue imborrable. Me dijeron, usted con esta firma nos ha devuelto la dignidad debida y eso me conmovió, digamos, en la inmensa responsabilidad que tenemos las personas que estamos en esos cargos, porque al final estamos decidiendo sobre, bueno, sobre la vida de otras personas y en cosas tan íntimas y profundas que, bueno, por suerte pudimos llegar después a la ley, pero hay que defenderla porque creo que hay muchos grandes peligros de retroceso aquí nomás, rodeándonos». Con estas palabras y la firme convicción de los presentes, cerró una tarde donde la memoria y el amor consolidaron un nuevo registro impreso para las futuras generaciones.
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