“Elegimos vivir en un barrio, no en un corredor de torres. Y no vamos a quedarnos de brazos cruzados viendo cómo lo destruyen”

“Elegimos vivir en un barrio, no en un corredor de torres. Y no vamos a quedarnos de brazos cruzados viendo cómo lo destruyen”

Los vecinos de Barrio Naón alzan la voz para oponerse a la construcción de edificios sobre la colectora de General Paz.

Cuando a comienzos de la década del 40’ comenzaron a lotearse los terrenos de la familia Naón, nadie presagiaba que ese rincón sudoeste de Mataderos -delimitado por la reciente General Paz, Emilio Castro, Cañada de Gómez y Juan B. Alberdi- se convertiría en algunos años en uno de los reductos más bonitos y apetecibles de la Ciudad de Buenos Aires. Las primeras cuarenta viviendas, financiadas por el Banco Hipotecario y construidas por la Asociación Vicentina, en los entonces denominados “descampados de Naón”, delinearon el perfil de la zona, que los futuros habitantes se encargarían de conservar: un loteo con manzanas alargadas de los que resultaban terrenos de poca profundidad, muchos pasajes, y edificaciones de tipo chalet como tipología arquitectónica y espacios verdes de calidad.

Hoy, sin embargo, esa singularidad que define y distingue al Barrio Naón, está en peligro. Las versiones sobre una eventual construcción de torres en altura en el predio de colectora de General Paz a metros de Emilio Castro, donde se ubica el edificio sede del 1er. Distrito de la Dirección Nacional de Vialidad (DNV), motivaron la reacción de los vecinos, que con la consigna “No a las torres en nuestro barrio”, comenzaron a movilizarse activamente.

“Nos organizamos formalmente a mediados de mayo, aunque esta preocupación viene desde hace tiempo. Durante los últimos años y a partir del cambio en el Código Urbanístico, hemos tenido que soportar obras que rompieron la identidad del barrio, como una torre de quince pisos que ya generó múltiples problemas: rotura de napas, veredas, sobrecarga en los servicios, tránsito intenso y pérdida de calidad de vida. Pero ahora esta amenaza de torres de hasta veinticuatro pisos nos vuelve a unir a los vecinos con los empleados de Vialidad Nacional, que trabajan en el primer Distrito y muchos son vecinos del barrio”, comienza contando Claudia Ferreyra, una de las vecinas de Naón comprometida con el futuro de su barrio. “Este proyecto es de hace tiempo -continúa- lo habíamos parado en 2018, pero ahora, a través del Decreto 461/2025, y con el cierre definitivo de Vialidad Nacional, no sólo dejan sin trabajo a más de mil personas, sino que también dejan el camino libre para esta clase de negocios inmobiliarios que benefician a unos pocos. Estamos convencidos en decir que no queremos torres”.

Y previendo comentarios de algún desprevenido, se apresura en aclarar “no estamos en contra del desarrollo urbano, sino de aquellos emprendimientos que atentan contra el perfil residencial, barrial y la calidad de vida de los habitantes. Vivimos en un barrio de casas bajas, con calles tranquilas, muchas plazas, y no queremos que eso se pierda. Si se permite esta torre, sabemos que vendrán muchas más”.

Son más de cuatrocientos los vecinos y comerciantes organizados en torno a esta cruzada. “Coincidimos familias históricas del barrio y nuevos residentes, que también valoran este entorno tranquilo y arbolado. Nos unimos a través de grupos de WhatsApp, Instagram, Facebook, reuniones presenciales y acciones conjuntas para defender nuestro derecho a un barrio habitable y coherente con su identidad. Pero más allá del número, sentimos que representamos a muchos más vecinos que, aunque tal vez no puedan participar activamente comparten nuestra preocupación y se oponen a este tipo de desarrollos desmedidos”, subraya Claudia, que es vecina del barrio Naón desde que nació.

Ocho años de lucha

En diciembre de 2017 la Legislatura porteña estuvo a punto de firmar un convenio para la rezonificación del predio de Vialidad, que posibilitaba la construcción de dos torres de cien metros de altura. Por entonces, fue la lucha de trabajadores, vecinos y alumnos de la Escuela Técnica Vial -que luego fue cerrada- la que evitó que ese proyecto prosperara. El cierre de esa escuela, más allá de la enorme pérdida que significó la falta de continuidad de los proyectos educativos llevados adelante por Vialidad Nacional, y el problema de los trabajadores que perdieron su fuente de trabajo, tuvo un gran impacto en un barrio donde escasean las escuelas secundarias. Posteriormente, en el marco de las políticas de ajuste y desguace del Estado que enfatiza el gobierno nacional y la nueva zonificación para terrenos linderos de autopistas definidas por el Código Urbanístico, el proyecto de desarrollo inmobiliario a partir de la construcción de torres de gran altura vuelve a sobrevolar en la zona, con el consecuente impacto urbanístico y ambiental.

– ¿Cómo afecta al barrio el nuevo Código?

– El nuevo Código cambió las reglas y permite, en ese predio en particular, construir hasta veinticuatro pisos. Es una locura para un barrio como el nuestro, que siempre fue de casas bajas, tranquilo, con plazas y calles anchas. Lo que está claro es que una torre de esa magnitud impactaría directamente en todo: los servicios como el agua y la luz ya están colapsados, no dan abasto. Sumale el tránsito, que ya es un caos, y ni hablar de la sombra que proyectan esos edificios, del ruido y de cómo se pierde la esencia del barrio. Acá no estamos hablando sólo de construcciones, sino de cómo queremos vivir.

El Código Urbanístico establece un “área de desarrollo” en las manzanas linderas a autopistas, incluida la avenida General Paz, que promueve proyectos como el rechazado en 2017, en el inmueble de Vialidad y en el actualmente ocupado por instalaciones de la flota automotor del Gobierno porteño, en General Paz y Emilio Castro, entre otros.

A fines del año pasado, cuando se trataron en la Legislatura las modificaciones del Código Urbanístico propuestas por el Ejecutivo, varios vecinos presentaron en la Audiencia Pública sus cuestionamientos a la construcción en altura en los barrios que conforman la Comuna 9. En particular la zonificación sobre la colectora de General Paz, por lo que se pidió elaborar un plan particular con la participación de actores locales, propuesta que jamás prosperó.

– ¿Han tenido contacto con legisladores para intentar revertir esta posibilidad?

– Sí, desde el momento en que nos organizamos nos pusimos en contacto con distintos legisladores. Presentamos el petitorio en la Legislatura y recibimos el apoyo de diputados como Claudia Neira, Leandro Santoro, Alejandro Grillo y Lorena Pokoiok, que ya nos habían acompañado en otras luchas. También contamos con el respaldo del bloque de la izquierda, que se mostró firme en su posición. A la vez, tenemos muy presente quiénes votaron a favor de este proyecto, incluso legisladores que viven en nuestro barrio. Nos duele ver que, en lugar de defender la identidad barrial y escuchar a los vecinos, decidieron acompañar este modelo de ciudad que deja afuera a quienes la habitamos todos los días.

En ese sentido, resultó de vital importancia el apoyo de algunos juntistas locales, como Juan José Chaves, que se ocupó de establecer el vínculo entre los vecinos y los legisladores.

– La situación de Vialidad se presenta como la punta del iceberg, pero ya se pusieron en marcha en la zona otros emprendimientos inmobiliarios tendientes a la construcción de edificios ¿Verdad?

– Sí, lamentablemente, no se trata de un caso aislado. Tenemos un ejemplo muy claro sobre Ercilla y General Paz, donde la constructora Urban House comenzó a levantar un edificio de quince pisos. Han hecho un verdadero desastre: la obra está mal organizada, hubo afectaciones al medioambiente, a los vecinos, a la infraestructura del barrio. Rompieron napas subterráneas y sacan agua constantemente, lo cual generó problemas graves. Incluso instalaron un caño por el cordón de la vereda que desagotaba directamente en las alcantarillas, tirando agua con tosca. Ese caño fue cortado por vecinos hartos de la situación. Además, rompieron las medianeras de casas vecinas. Todo esto quedó registrado con fotos y videos que fuimos compartiendo en nuestras redes, donde está documentado todo lo que pasó. Incluso hubo denuncias formales por estas irregularidades. Este tipo de obras, lejos de traer mejoras, destruyen la calidad de vida del barrio y muestran con claridad lo que pasa cuando se prioriza el negocio por sobre los derechos de quienes habitamos acá todos los días.

Como nacida y criada en Barrio Naón, Claudia puede dar fe de la esencia de esa porción de Mataderos. “Era y sigue siendo un barrio donde los vecinos nos conocemos, nos cuidamos y estamos presentes cuando alguien necesita algo -remarca-. Hemos festejado Año Nuevo en la calle, entre todos, sacando las mesas a la vereda. A la noche se puede salir a tomar aire, charlar con el de al lado. Si alguien se olvida las luces del auto encendidas, algún vecino avisa. Si alguien necesita una mano, ahí estamos. Eso nos define como barrio. Por eso nos duele tanto lo que está pasando. Porque no queremos perder esa esencia. Queremos seguir viviendo en un barrio, no en una cuadrícula encerrada por torres. Queremos que este siga siendo un lugar donde podamos saludarnos por nombre, caminar tranquilos y seguir construyendo comunidad. Eso es lo que defendemos”.

– ¿Qué creés que ocurriría ante la eventual construcción de edificios? ¿Qué cambiaría?

– Todo. Los servicios, que ya están al límite, colapsarían. El agua, la luz, el gas, el tránsito. Pero más allá de eso, lo más grave es que se perdería la esencia del barrio. Porque no están hablando de un solo edificio: quieren hacer varios dentro del mismo predio, con alturas que no tienen nada que ver con lo que fue siempre esta zona ¿Te imaginás veinticuatro pisos en medio de casas bajas? Es una desproporción total. Y lo peor es que nunca hubo un estudio serio de suelo, ni planificación urbana pensada para los vecinos. Sólo hay un interés económico que responde a unos pocos, sin considerar el impacto ambiental, social y humano que eso implica. Nosotros elegimos vivir en un barrio, no en un corredor de torres. Y no vamos a quedarnos de brazos cruzados viendo cómo lo destruyen. Estamos defendiendo algo mucho más grande que una manzana: defendemos nuestra forma de vida.

Futuro en peligro

– ¿Tomaron contacto con inmobiliarias de la zona? ¿Cuál es la posición de sus responsables como comerciantes locales y vecinos?

– Sí, hablamos con la inmobiliaria que está comercializando el emprendimiento de Ercilla. Es gente del barrio, de muchos años, muy conocida y querida por los vecinos, por eso fuimos directamente a hablar con ellos. Nos dijeron que no estaban al tanto del desastre que estaba generando la obra y se ofrecieron a actuar como intermediarios con la constructora. Por supuesto valoramos el diálogo, pero también fuimos claros: comercializar este tipo de desarrollos, más allá del rédito económico, pone en riesgo algo mucho más valioso, la confianza de los vecinos. Una confianza que se ganaron con años de trabajo. Como colectivo barrial creemos que no se puede estar en el medio cuando lo que está en juego es el futuro del barrio. Por eso esperamos que también ellos puedan posicionarse y repensar qué modelo de ciudad están ayudando a construir.

– ¿Qué medidas piensan llevar a cabo si finalmente se concreta la venta de la sede de Vialidad y se confirma la construcción de edificios?

– Estamos organizados y en permanente diálogo entre vecinos, principalmente a través del WhatsApp, donde definimos en conjunto los pasos a seguir. Si finalmente se confirma la venta del predio y avanzan con la construcción de las torres, vamos a seguir luchando con todas las herramientas que tengamos a nuestro alcance: movilizaciones, difusión, acciones legales, participación en instancias públicas, y todo lo que esté dentro de nuestras posibilidades para defender el barrio. Esta no es sólo una reacción frente a una obra, es una causa que tiene que ver con el derecho a decidir cómo queremos vivir y qué ciudad queremos construir. Y en eso no vamos a retroceder.

Los vecinos que deseen apoyar esta lucha y sumarse al colectivo pueden hacerlo a través de Instagram en @colectivobarrionaon y en Facebook los encuentran como “No a las Torres en Vialidad”. Asimismo, el link para sumarse al grupo de WhatsApp, donde comparten información, novedades y organizan acciones en conjunto, está disponible en ambas redes.

“Para todos nosotros esta lucha es esencial, porque estamos defendiendo la identidad, la tranquilidad y la calidad de vida de nuestro querido barrio. Sabemos que no estamos solos y que, cuando los vecinos nos unimos y trabajamos en comunidad, podemos lograr cosas importantes”, concluye Claudia, y vaya si tiene razón.

Ricardo Daniel Nicolini