
En tiempos donde el caos del tránsito es capaz de transformar la Ciudad en una trampa insalvable, donde autos y colectivos se enredan en una cinta de moebius en la que el tiempo es lo único que avanza, las bicicletas, sin embargo, no paran. No hay nada que las detenga.
Y mientras los noticieros de televisión inundan la pantalla con hechos de inseguridad, el miedo parece dominarlo todo. Para muchos, salir a la calle se transforma en un riesgo evitable, y más allá de la comodidad, optan por recibir en su domicilio aquello que antes salían a buscar. Esta dinámica que se convirtió en tendencia le abrió la puerta a un oficio urbano que en los últimos años se afianzó y, más allá de haber llegado para quedarse, desde el apogeo de la pandemia creció a un ritmo vertiginoso.
Hoy los ciclistas están por todos lados. Pasan y pasan con sus jorobas de tela: un cubo bamboleante con el logo de la empresa les cuelga en la espalda. Desde hace años, Mercado Libre, Rappi y Pedidos Ya acaparan el mercado argento. La última es de capitales uruguayos y la del bigotito es el orgullo empresarial colombiano. La crearon hace unos años tres amigos y ahora es la primera empresa tecno del país cafetero que vale más de mil millones de dólares, que se ha exportado a otros países, que triunfó. La prueba de su triunfo son los enjambres de muchachos (y muchachas) con la caja a la espalda, la explotación de la tracción a hombre para usar la ciudad de otra manera. Porque estas empresas constituyen una nueva idea de la vida urbana: “Ya no hace falta salir de casa o de la oficina para disfrutar lo mejor de la Ciudad”, se ufanan en sus campañas publicitarias. Una frase solapada que, al descubierto, estaría diciendo algo así como “ya no tenés que ir a buscar lo que querés, dejá que tu dinero te lo traiga”. O mejor aún “dejá que los necesitados te lo traigan”.
Queda claro que el orgullo moderno de haber eliminado la tracción a sangre duró poco. Claro que antes eran caballos, y ahora son personas. En otras palabras, una explotación hecha y derecha disfrazada de ecología. Porque eso sí, la bicicleta es ecológica.
El ejército de tortugas en bicicleta se acrecienta día tras día, en el marco de un mercado laboral reducido a su mínima expresión, en el que para muchos pedalear pedidos es la única alternativa. Pero eso sí, sus patrones explican que no son empleados sino “usuarios libres”, que se conectan cuando quieren, así que no hace falta pagarles salarios mínimos, vacaciones ni prestaciones sociales. Otro claro triunfo del capitalismo de vanguardia.
“El caso de los repartidores de plataforma encierra una enorme contradicción. Una actividad realizada por trabajadores precarizados, desprotegidos y expuestos como nunca a una infinidad de riesgos, fue considerada esencial en tiempos de pandemia”, comienza diciendo el informe elaborado por el Centro interuniversitario de Estudios Metropolitanos (CEM). Además, al tratarse de una relación laboral aún no regulada no existen estadísticas oficiales.
Claro que esta no es una tendencia exclusiva de la Argentina. Un estudio publicado por la Oficina Regional de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) para América Latina y el Caribe revela que el 40% de los trabajadores en plataformas digitales en la región, están excluidos de la cobertura de salud y seguridad social.
Pero hay más, PedidosYa afirmó que tuvieron un total de 64.000 repartidores activos durante mayo de este año, lo que representa un incremento del 4% respecto a inicios de 2026. Por su parte, Rappi informó que durante el año pasado se registraron 151.874 personas que completaron al menos un pedido, un salto del 252% interanual.
Actualmente, trabajando entre ocho y diez horas diarias -incluyendo feriados y fines de semana- un trabajador de reparto puede generar entre 24 mil y 73 mil pesos diarios, soportando para eso variadas inclemencias climáticas y accidentes de tránsito.
Claro que, en el peor de los casos, si la tortuga urbana se lastima o decide dejar su trabajo, habrá otra que la reemplace de inmediato, porque así está escrito en las leyes de la jungla del mercado.
Lic. Ricardo Daniel Nicolini
(cosasdebarrio@hotmail.com)
