Los obradores de la desidia

Los obradores de la desidia

Con la obra del soterramiento del Sarmiento oficialmente descartada -tras permanecer siete años inactiva- los vecinos de Liniers aún conviven con dos obradores en desuso que se transformaron en focos de contaminación ambiental, repletos de basura y agua estancada. Mientras tanto, desde el gobierno nacional y el de la Ciudad se endilgan responsabilidades, pero ninguno se encarga de resolver el problema.

Aunque fue originalmente anunciado en 2008, el soterramiento del ferrocarril Sarmiento se puso en marcha recién en 2016. Sin embargo, tres años más tarde, la obra -que estuvo vinculada a hechos de corrupción en el plano local e internacional- quedó paralizada por falta de fondos. Como corolario, quedaron bajo tierra siete kilómetros de túnel que no conectan nada con nada y 420 millones de dólares enterrados sin sentido.

Pese a que la tuneladora se encuentra detenida desde 2018 en Villa Luro, las empresas que seguían con los contratos firmados (Saecsa y Ghella) no desmontaron los obradores, a la espera de una definición de parte del Gobierno nacional. Como era de prever, esta ocupación del espacio público provocó problemas para el tránsito y múltiples quejas vecinales, por las situaciones de inseguridad, la acumulación de basura y la degradación del entorno.

Dentro del territorio porteño -existen otros dos en Ciudadela y Ramos Mejía- los obradores se ubican en Flores, Floresta, Villa Luro y Liniers, donde se observan dos: uno sobre Rivadavia a metros de General Paz y otro en Cuzco al 200. Se trata de estructuras que se montaron para lo que iba a ser la construcción del megatúnel que uniría la estación de Haedo con la de Caballito, por el que pasarían, veinte metros bajo tierra, las vías del tren Sarmiento.

Tras recibir permanentes reclamos de los vecinos solicitando su remoción, y luego de tres meses de labor, en octubre pasado el Gobierno de la Ciudad concluyó la reducción de nueve obradores. Sin embargo, ninguno se quitó por completo y, algunos -como el de Cuzco- ni siquiera se tocaron. “La parálisis administrativa impide retirarlos totalmente. Además, al tratarse de una obra nacional, no podemos avanzar en un cierre definitivo”, argumentan desde el Gobierno porteño. Sin embargo, desde Nación, sostienen que el predio ya fue transferido a la Ciudad. En cualquier caso, el desinterés de ambas administraciones no hace más que perjudicar a los vecinos, que deben convivir con un foco infeccioso a metros de sus hogares.

El que genera mayor preocupación es el de Cuzco al 200, ubicado justo enfrente del comedor comunitario de la parroquia San Cayetano. “Es un obrador al aire libre repleto de basura y agua estancada, que desde hace meses se transformó en un foco de contaminación para los vecinos”, explica Alberto Espiño, juntista de la Comuna 9, que desde hace un tiempo se está ocupando del tema.

En octubre pasado, Espiño se hizo eco del reclamo de los vecinos y lo elevó a la Defensoría del Pueblo porteña, entidad que, a fines del año pasado, solicitó un pedido de informes tanto a Ciudad como a Nación, referido al “estado actual del pozo ubicado en Cuzco 250 y el plazo previsto para el reacondicionamiento del espacio urbano en ese lugar”.

Como respuesta, el Ing. Rubén Piantanida, jefe de Inspección de la Unidad Ejecutora Soterramiento Línea Sarmiento, expresó “ese no es un pozo de ataque, sí lo es el que se ubica sobre Rivadavia casi General Paz, sino una rampa que luego se transforma en túnel, prevista para ser utilizada para los trabajos de ejecución de la Estación soterrada de Liniers”. En ese sentido, indicó que la rampa “tiene una leve pendiente para que los camiones hormigoneros pudieran entrar y salir por allí”. Y agregó “los muros de hormigón están hechos para seguridad de los trabajadores y no para contener agua. En caso se lluvia se puede alojar agua, pero rápidamente escurre hacia el interior del túnel por la pendiente”. Esta última aseveración contrasta con lo que puede observarse en la imagen que ilustra esta nota: el agua se mantiene en superficie gracias al permanente crecimiento de las napas.

Y respecto al futuro de ese obrador, Piantanida sostuvo “el Gobierno de la Ciudad ha tomado posesión de esos obradores y colocó rejas soldadas que impiden a la UTE ingresar para realizar tareas de mantenimiento. No obstante, en la actualidad nos encontramos abocados al cierre de la obra en su aspecto contractual, lo que conlleva el retiro de todos los obradores, incluido el que nos ocupa. El trámite no es inmediato, por lo que no podría brindarse una fecha específica del retiro del mencionado obrador”.

Por su parte, el subsecretario de Proyectos y Obras del Ministerio de Infraestructura porteño, Gabriel Zárate, fue aún más lacónico: “la obra corresponde al Poder Ejecutivo Nacional, por lo que esta Subsecretaría no resulta competente para brindar respuesta a ese requerimiento”. La ecuación es clara. Como en “el gran bonete”, todos se lavan las manos y ninguno se hace cargo de resolver el problema de los vecinos de Liniers Norte que, una vez más, deben convivir con irregularidades en el espacio público ante la mirada inoperante y desaprensiva de las autoridades porteñas y nacionales.