La Comuna 8 evidencia la brecha Norte‑Sur en el empleo porteño

La Comuna 8 evidencia la brecha Norte‑Sur en el empleo porteño

La radiografía del mercado laboral en la Ciudad de Buenos Aires vuelve a dejar en claro que el sur concentra los peores indicadores de empleo y se consolida como el rostro más visible de la desigualdad territorial. Mientras el promedio de desocupación en la CABA ronda el 6,3 por ciento, en la Comuna 8 –que incluye Villa Soldati, Villa Riachuelo y Villa Lugano– el desempleo trepa al 10 por ciento, convirtiendo a este sector en uno de los focos más críticos de la ciudad. Muy cerca se ubica la Comuna 4 (La Boca, Barracas, Parque Patricios y Nueva Pompeya), con una tasa de desocupación del 9,3 por ciento, confirmando que el sur continúa rezagado en materia de oportunidades laborales.​

El contraste con las comunas del corredor norte y centro porteño es contundente: en las comunas 10, 6, 14 y 2 –que abarcan barrios como Floresta, Villa Luro, Caballito, Palermo y Recoleta– el desempleo se ubica en torno al 4 por ciento, menos de la mitad de lo que se registra en el sur. Son zonas con mayor nivel de ingresos, mejor infraestructura y presencia de actividades económicas dinámicas, donde conseguir trabajo formal resulta más probable que en los barrios populares del sur.​

Detrás de estos porcentajes hay una fuerte concentración de problemas sociales: sólo en las comunas 8, 4 y 9 (Liniers, Mataderos y Parque Avellaneda) viven más de 600.000 personas, cerca del 20 por ciento de la población total de la ciudad, y es allí donde se combinan altos niveles de informalidad, menores inversiones y menos oferta de empleo de calidad. En la Comuna 9, por ejemplo, la desocupación se ubicó en 6,9 por ciento, por encima del promedio general, consolidando un corredor de vulnerabilidad en el sudoeste porteño.​

Los indicadores de actividad y empleo también muestran un mapa partido en dos. En promedio, la tasa de actividad específica –personas que trabajan o buscan trabajo– se sitúa cerca del 63 por ciento y la tasa de empleo, en torno al 59 por ciento, valores similares a los del año anterior. Sin embargo, cuando se mira por zonas, el norte y el centro de la ciudad exhiben tasas de actividad del 64,6 y 65 por ciento y de empleo del 60,6 y 61,2 por ciento, mientras que el sur cae a 57,4 por ciento de actividad y 53,2 por ciento de empleo.​

La desigualdad también se expresa por edades: los jóvenes de hasta 24 años y los mayores de 65 años son los que menos participan del mercado laboral, con tasas de actividad de 27,4 y 24,4 por ciento respectivamente. En cambio, el tramo de 25 a 49 años muestra una intensidad altísima, con una tasa de actividad del 93,1 por ciento y una tasa de empleo del 88,8 por ciento, lo que refleja que el núcleo adulto soporta el mayor peso de la búsqueda y la tenencia de trabajo.​

Si bien la población económicamente activa se distribuye de manera equilibrada entre varones y mujeres, la desocupación golpea con más fuerza al empleo femenino. La tasa de desempleo entre mujeres llega al 7,4 por ciento, frente a un 5,2 por ciento en los varones, lo que las ubica como uno de los grupos más vulnerables junto con los jóvenes y las personas mayores.​

Estos sectores –mujeres, jóvenes y adultos mayores– concentran mayores dificultades para acceder a empleos formales, estables y con ingresos suficientes, especialmente en los barrios del sur donde se superponen precariedad, menores servicios urbanos y falta de oferta laboral diversificada. La combinación de género, edad y territorio se convierte así en un triple filtro que deja a miles de vecinos fuera del mercado de trabajo o atrapados en la informalidad.​

La persistencia de una tasa de desocupación que duplica los registros del norte en comunas como la 8 y la 4 expone un modelo de ciudad fracturada, donde el código postal define buena parte de las posibilidades de conseguir trabajo. Pese a que el promedio de la CABA no muestra grandes cambios, la brecha territorial se mantiene y evidencia que el “equilibrio” estadístico se sostiene a costa de zonas estructuralmente postergadas.​

Especialistas y organizaciones sociales señalan que los jóvenes, las mujeres y los habitantes del sur deberían ser el objetivo prioritario de políticas públicas específicas, capaces de combinar promoción del empleo, capacitación, incentivos a la producción local e infraestructura urbana que atraiga inversiones. Sin una estrategia que aborde de frente las desigualdades territoriales, la Comuna 8 seguirá funcionando como el símbolo más crudo de la distancia que separa al norte acomodado del sur que aún espera oportunidades reales de desarrollo.